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Full text of "Setembrino E. Pereda 1891 Laura Y Clotilde"

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LAURA Y CLOTILDE 




POR 


PFTJWWP ?■ 



PAYSANDO 

Establecimiento Tipográfico de ELPAYSANUU. 
1891 





—A MI HIJA— 


¿A quién sino á tí, mi adorada hija, puedo 
dedicar esta historieta, si pobre en la forma, 
henchida en cambio de la más pura moral? 

Tú te hallas aún en los dinteles de la infan- 
cia. pues apénas llevas cumplidos ventiseis 
meses de edad, y si hoy no comprendes lo 
que debe ser una niña para sus progenitores 
y la sociedad en que vive, quépame al ménos 
’ji satisfacción de que cuando despierte tu in- 
telijencia del inocente y venturoso sueño de la 
adolescencia puedan tus ojos recorrer estas 
pajinas con cariño y gratitud, recordando que 
han sido escritas para que en ellas te inspires 



6 


DEDICATORIA 


y nutras tu sér con la sávia de los senlimieiK 
tos honestos y las ideas levantadas. 

Laura y Clotilde , protagonistas que dán el 
nombre á estas pajinas, con su antítesis . de 
caracteres, procederes y porvenir, son un 
elocuente ejemplo de cómo se corcluye obran- 
do bien ú obrando mal en el sendero de la 
vida que todos tenemos que recorrer obede- 
ciendo á una ley natural inmutable. 

Dice un sábio proverbio, que el que mal 
empieza, mal acaba, y si te detienes á exami- 
nar lo que íué y habría sido la desdichada 
Clotilde si hubiese seguido las huellas de su 
.amiga de la nifiéz, en lugar de entregarse en 
brazos de la vanidad y el abandono de sí mis- 
ma, comprenderás cuánto valen la modestia 
y la virtud, cuán peligrosos son el fatuo orgu- 
llo y la idíosineracia da carácter, lo efímera 
que es la riqueza material equiparada con el 
tesoro del alma que constituye una existencia 
modelo, rodeada del aprecio publico, y el ma- 
ñana que aguarda al que guia sus actos por la 
senda de la rectitud en vez de empapar su co- 
razón en una atmósfera deletérea y corrosiva. 

Laura es el prototipo de la hidalguía, de la 
honradéz y la humildad. — Trata de imitarla, 
de ser su igual, y habrás colmado el justo an- 
helo de tus padres, para su venturanza y la tu- 
ya propia. 

La moral sea tu relijion, el deber tu taber- 



DEDICATORIA 


7 


jáculo, el bien tu bello ideal, y tu misión no 
^será en el hogar y en la sociedad un problema 
sin solución ni un libro en blanco. 

En tanto, te bendice y desea vivir para verte 
crecer digna de él y de su buena esposa, tu 
amante padre— 


S. E. Pereda. 
Paysandú, Enero de 1891. 





PRIMERA PARTE 




PRIMERA PARTE 


Conocimos dos niñas en la villa.'de X* * v, 
hija una de ellas de un hombre humilde por 
su posición social, pero honrado y trabajador; 
k V la otra, dé un opulento capitalista, persona 
bastante estimada, y que no obstante su es- 
casísima educación, ocupaba un puesto dis- 
tinguido en lo que ha dado en ‘llamarse alta 
sociedad, la high Ufe, según la expresión in- 
glesa én boga. 

Tenía oro, y éste influye muchas veces en el 
mundo para discernir títulos y honores, má- 
xime cuando la educación moral no ha echado 
hondas ralees en el seno de la sociedad. 

Por esta causa suele mirarse á la pobreza 
como u:, defecto; pero estas .distinciones in- 
justas, son hijas de la coriimjencia humana, 
que los -progresos de Ja instrucción, difundidos 



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LAURA Y CLOTILDH 


en las masas ; pqpulares han de ir, como ván, 
paulatinamente cleá|ííejando del escenario de 
Ja humanidad. 

La ignorancia, el error y las malas cos- 
tumbres pierden terreno de día en dia, pues el 
siglo XIX es el siglo de los grandes y porten- 
tosos inventos y adelantos, en que la ciencia, 
la virtud y la justicia tocan el corazón de los 
hombres con la vara májica de la igualdad, 
acortando las distancias en que un mal enten- 
dido egoísmo mantiene á los séres racionales 
y libres, por - motivo de genealojía ó prosapia 
.Jim n dañas. 

La aristocracia vá siendo pues, Una palabra 
vana, y el áfjlor al becerro de pro una ambi- 
ción propia de las almas adormecidas, al vüi- 
vén tfe'liíS bajas pasiones. 

Procurar extirparla» »s> obra no sólo civili- 
zadora, sinódambien 'altamente -humanitaria. 

Á ése fin responde esta historieta. 


- I 

Laura y Clotilde,— tal os el nombre de h»s 
principales protagonistas de esta pincelada 
litéraria.—erdn vecinas, y desde los albores de 
ía infancia se conocían y cultivaban. relaciones, 
prodigándose ambas el más entrañable cariño. 



[laura y'clottlüé 


13 


y, J 

| Sus familias, á pesar de su estado social, so 
trataban y hasta llegaron á ser íntimas ami- 
gas. 

Sin embargo, cuando se daba algún recibo 
en el centro social A. ó B. , nunca' era non-vita- 
das indistintamente, porque hasta al'í no lle- 
gaban los lazos que les unía, ni la soeied id los 
tomaba en cuenta para nada. 

Éste es uno dé los males qUe merecen ma- 
yor censura y que raya en el colmo dehridí» 
culo. 

\ F>n el hogar doméstico, en el seno *de la fa- 
milia no .ekisfén distfnciónéé-: él cülto á la 
amistad ne dpsdora, el roce es inóCéifté é ino- 
fensivo; pero fuera de él, pasando los timbra - 
les de, un salen en que concurre 'más 'gente, 
ataviada, deslumbrante en lujo, ‘ vh iridiad y 
prosopopeya, todo cambia: allí sólo puede hu- 
cer acto de presencia la que gasta más bohío, 
la que más aparenta, la favorecida de la’ for- 
tuna ó de las odiosas clásíficacioiíésí ¿ 

Fn el salón social se tiene más dignidad, 
mayor reparo, se vale más qué el resto* de los 
seres, y no es posible, por látanlo, codearse 
su recinto las inísmas pérsónás qiié Re bo- 
san y abrazan y tributan acendrado afecto en 
e| lar paterno! 
fitsu/n, teueiitia! 

Así es el mundo/ así és aún la éOcfedud 



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LAURA Y CLOTILDE 


moderna, per más que haya adelantado erv 
mucho á la vniigua sociabilidad, en civilizt-p 
cion y cultura. 

Las doctrinas de Platón y de Proudhon, no 
son, pues, adaptables á nuestra época de 
mercantilismo y bambollas del mayor ca- 
libre. 

Laura, que á pesar de sus pocos años, era 
perspicaz é intelijente, notando esta circuns- 
tancia, interpeló un día á su buena madre: 

— ¿Por qué tú no vás al baile como la mam’!* 
de Clotilde? 

—Porque estoy indispuesta, hija mía, re- 
puso aquella. 

— Siempre dice? lo mismo cuando se dá al* 
guna fiesta en que se 4 pasa invitación. Sin 
embargo, yo te veo con la misma salud de 
otras veces. 

4,0 'no te invitan nunca? 

—Qué ocurrencia la tuya, Laura! Y por 
qué no habían de invitarme? 

— Como eres pobre, y dicen que sólo la 
gente rica asiste á esas diversiones. . . 

— Hablemos de otra cosa, hija mía, (fue las 
ninas no deben hablar de eso. y 

— ¿Acaso es malo que lo haga? La curios.'* 
dad/euando es inocente, no ofende y sirve 
siempre de estudio. Así so lo cí decir dias pa* 
sadosá mi papá, y creo que lo que él dice no 



LAURA Y CLOTILDE 


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debe ser mentira ni hay para qué ocultarlo. .-. 
' —Ciertamente, pero á íu edad no se habla 
de eso, pues tú no puedes comprender corno 
los mayores cuanto sale de susdábios. 

Clotilde también sometió á un interrogatq* 
rio á la autora de sus dias, apercibiéndose cíe 
lo mismo. 

- Díme, querida mamá, ¿cuáles la causa 
deque Laura no asista con sus padres á los 
recibos que suelen darse en el club social? 
j —Que éstos son r pobres y no alternan en 
nuestra sociedad, respondió indiscretamente 
la progenilora de la niña. 

Los adolescentes tienen á veces preguntas 
que ponen en duros aprietos á los que han 
llegado á la pubertad y que admiran sean íor * 
muladas por la niñez. 

La siguiente, hecha por Clotilde, es una de 
ellas: 

— ¿Cómo si no alternan en nuestra socio-* 
dad, vienen aquí á casa, con frecuencia, y us* 
tedes se tratan con cariño, casi como si fue* 
ran de una misma familia? 
i —Eso es distinto, niña, a nuestro hogar 
pueden venir, pero á los recibos que se dán, 
nó. 

Y por qué han do ser ménos allí que 
acá, siendo que tú tienes relación con ellos? 



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LAURA Y CLOTILDE 


Si se tr atan contigo, tú pres su igual. 

— De quién lias aprendido la lección? repir 
so la «.adrede Clotilde. 

— - De nadie, madre mía, sino de mi cabeza. 

— Ah! tu cabeza no concibe estas cosas! 

La niña decía la verdad. Nadie ie había en- 
señado lo que expresaba, sino su precóz ta- 
lento. 

Pero dejemos digresiones a un lado, -y vol- 
vamos á reanudar nuestro ^interesante relato. 

II 


Laura v Clotilde compartían juntas sus jue- 
gos y las caricias de sus padres, y eran el 
ejemplo de sus contemporáneas. 

Parecía que hubiesen nacido jómelas, la 
una para la otra. Tenían una misma edad, 
unos mismos sentimientos: é iguales inclina- 
ciones, y tal era el afecto que se profesaban, 
que no podían vivir u.n sóio instante sepa- 
radas. 

En sus inocentes juegos infantiles, llenas 
de risueños mirajes, forjábanse mil proyec- 
tos para el porvenir, á cual de ellos más im- 
pregnado de encantos,. • 

Pronto las muñecas y los entretenimientos 



17 


laura y Clotilde 


ociosos tuvieron qué ser abandonados y sus- 
tituidos por el libro y la agujé, másárdüos pe- 
ro de mayor provecho: ya habíeh llegado á la 
edad en qué comunmente sé vá á laéscue;' 
la, y era precisó darfesé ducacion, culti- 
vando su corazón é intelijéneia, para bien dé 
sí mismas, de los autores de sus días y de la 
sociedad. 

Sus padres determinaron, por lo tanto, po- 
neilas en un colejio. . 

— Es necesario no abandonarlas á Ja igno- 
rancia,— se decían, y eón sobrado fundamentó, 
jues siempre se la ha considerado cómo la 
madre de todos Tos vicios.- 

Si todos los padres, ricos y pobres, dé alta 
ó de baja categoría se preocupasen de la edu- 
cación de sus hijos, como se debe, menos lá- 
grimas se derramarían, y la familia fuera, en 
general, el santuario dé las grandes tenden- 
cias, la palanca i#6s poderosa para guiare! 
derrotero de individuos y pueblos, ■*** 

La virtud social y cívica se hallaría ménos 
descuidada, y hila tiranía ni el error tendrían 
punto de apoyo. 

No pensaban pues, mal los projenitores do 
Laura y Clotilde y consecuentes ton tan sano 
y loable propósito, después de comunicarlo á 
ambas amigadas y de pintarles lo agradable y 
vU » 1 que es el saber, se encaminaron ñ un es- 
tablecimiento de enseñanza, el más coreano. 



18 


LAURA Y CLOTK DE 


á causa de evitar una insolación y las moles- 
tias de transporte, y arreglaron su envío. 

Sin embargo, j^oca éra la educación que po- 
dían recibir en aquellos tiempos. Los maes- 
tros y los métodos y sistemas de enseñanza 
corrían parejas, no siendo, ciertamente, ni 
sombra de Iss actuales, en que la memoria ao 
es el factor principal como entónces. 

Empero, aunque fuera á conocer las letras 
y leer de corrido , como dicen algunos, era 
preciso enseñarles, sobre todo tratándose de 
niñas pequeñas, á quienes no era posible, por 
el momento, enseñarles gran cosa, ni exijir 
mucho más, so pena de hacerles fastidioso el 
aprendizaje ydimanailes alguna dolencia fí- 
sica. 

En virtud de tal determinación, los dos 
pergeños entraron á estudiar en un mismo es- 
tablecimiento, con gran satisfacción, pues los 
adelantos de sus demás aÉiiguitas les había 
servido de emulación y hecho despertar inte- 
rés per el estudio. 

Con la alegría retosando en el semblante se 
presentaron el siguiente dia por la mananaen 
Ja escuela. 

La preceptora las recibió con cariño, y des- 
pués de darles un ósculo en la frente les indi- 
có un asiento en medio las otras colejialas. 

El rostro simj ático de esas tiernas infantas, 
el dulce timbre de su voz y la gracia que les 



LÁÜRA V GL0T1LDK 


10 


caracterizaba, hicieron que desde un princi|r>ic» 

( se las tratara con distinción y aéendrád > 
afeck). 

A sus compañeras de estudio,- -al verías 
tan unidas, y sobre todo, tan aplicadas, pues'; 
desde un principio se hicieron notar por su 
dedicación v. juicio, —les cayeron en gracia,- y 
las más adelantadas se disputaban el placer 
de enseñarles el abecedario y el manejo de la 
aguja. 

Los lectores que se hayan educado bajo el 
. rójiineu escolar antiguo, recordarán que el* 
maestro de entonces cuiíi iba gran parte da la ; 
enseñanza á los alumnos más sobresalientes,- 
y por lo tanto, no les sorprenderá que á' L lura 
y Clotilde les dieran también lecciones algu 
ñas de sus cotidiscípulas que ya sabían- leer y 
escribir, lo mismo que de labores. 


Laura y Cloülde tomaron tanto amor á la 
escuela que todo su afín lo cifraban en con- 
currir á ella y ganarse la voluntad d’e la pre- 
ccptora. I 

i A medio día se desayunaba de prisa, & ilu- 
de estar siempre las primeras, sin faltar a la 
hora en que debían entrar á' clase. - - Por !á 
noehesc hacían enseñar la cartilla por sus 
padres, y todos sus juguetes y diversiones 



LAURA Y CLOTH.DK 


20 


quedaron arrinconados, pues sus libros eran 
para ellas ti mejwi* entretenimiento. 

Temiendo algún malestar á la cabeza, pues 
tan chicas, su demas'ada contracción podía 
h scerles daño, se les exhortaba á recrearse 
de otro modo: eran llevadas al teatro, á la pla- 
za los dias ó noches de música, á las pruebas, 
á los títeres, á 'as calesitas; en fin, do quiera 
se descubría un entretenimiento que pudiera 
divertirlas. 

Ellas obedecían, pero no por eso dejaban de 
pensaren sus queridos libros y en su buena 
maestra. 

Sin embargo, sus padres estaban que no 
cabían de contento, pues a pesar de los esca- 
sos años que aquellas contaban, ai pocoliem* 
po ya habían aprendido á leer, siendo la ad' 
miración de la misma maestra, porque á igual 
que en el hogar paterno, ó más, si cabe aún, 
se contraían alií con entera íé, no perdiendo 
lastimosamente el tiempo, como oirás de su 
edad, pues aprovechaban cuántas explicado* 
nes y consejos brotaban de los labios de su 
institutriz inculcándoles máximas de moral y 
conocimientos de primeras letras. 

. Más aumentó el regocijo de aquellos cuando 
terminó el segundo año escolar, pues fincheron 
exámenes sumemente satisfactorios, desper- 
tando Ja mis -riya atención : c|e todos. 



'laüra y clotílüé 


21 


No era para tnénos, desde que supieron 
^responder á las preguntas que se les b /.o con 
un despejo poeo común y una natura idad ad- 
mirable. 

No hubo que objetárseles ni una sola vez 
para eorrejirlas. Tal era la exactitudjy despejó 
conque satisfacían á las interpelaciones de 
sus examinadores. 


Sus compañeras de colejio, oscurecidas an- 
te el génio y el saber de Laura y Clotilde, cam- 
biaron de actitud y empezaron á entrar en en- 
vidia. E!las,que hacía tantos años estudiaban, 
no habían podido colocarse á su altura en 
adelantos, y por consiguiente, no les agrada- 
ba quedar á retaguardia. 

La vergüenza coloreaba sus mejillas, y eí 
arrepentimiento de su falla empezaba á re* 
morderles la conciencia. 

No les quedaba pues, otro remedio que con- 
traerse en lo futuro para procurar alcanzarlas 
y si posible era obten m- mayores clasificacio- 
nes. 

El amor al estudio se avivó recien en su es' 
fpb'itu; pero eslo no era suficiente para aventar 
*jai las, pues por más esfuerzos que hicieran 
se hacía, difícil igualarlas, y mucho méaos to' 
davía, colocarse á umnivel intelectual supe- 
rior, más si se tenía presente que la justa in- 



LAVjKA V CLOTÍl.Ütr 


22 


fantil estaba encima "y no quedaba otro cami- 
no que aguantar 6 desertar de ella. 

l'M triunfo no cía, por en de, dudoso ni dejó - 
se esperar, y obtuvieron las nulas mas iison' 
eras. 


III 


Una vez que se hubo expedido el informe, 
la maestia quiso recompensará sus alumcas, 
adjudicándoles algunos premios ü las más 
su resalientes y aplicadas. 

Llegado el día de la distribución de éstos, 
el salón de la escuela era pequeño jrara cunte' 
ner en* su interior al oleaje de concurrentes 
que se alanaba por presenciar aquella simpa - ’ 
tica liesta. 

Laura y Clotilde se hallaban presentes: ves' 
tian de blanco, símbolo de ia pureza de sus 
almas,— y llevaban una band • co'or cielo. 

Los espectadores estaban ávidos por saber 
quién obtendría el primer premio en aquei 
torneo de tiernas intolijencias, cuando de 
repente los nombres de Laura y de Clotilde se 
dejaron sentir. 

Éstas se aceitaron á la mesa, y al presen* 
tarso, la concurrencia las reci be con frenéticos 
aplausos. 



LA£RA Y. CLOTILDE 


23 


i Luego, unode los examinadores, dinjiéndo * 
se á ellas les dirije estas p i labras: : 

— «Jóvenes educan das: Por vuestra eonivac’ 
don al estudio y ejemplar comportamiento, 
la Comisión que lia presidido los exámenes á 
que habéis sido sometidas, cumpliendo con un 
acto de justicia, os asigna estas medalla* de 
oro, y os impulsa á que sigáis estudia ndo t con 
constante anhelo, y no os dejeis arrastrar por 
los falsos brillos de la vanidad, 

Sed siempre buenas y estudiosas;^ recojed 
«encariño en vuestro corazón los consejos do 
Vuestra preceptom. s y esperad,— poniendo; por 
escudo vuestra modestia y vuestra virtud, — 
en un mañana venturoso.» 

Luego colocó en el pee ho de ambas niñas 
aquella recompensa de su labor esco'ar. 

Laura y Clotilde fueron ese día objeto de 
grandes demostraciones y colmadas de obse* 
quios. 

Durante una semana no 6e hablaba de otra 
cosa que del triunfo por ellas alcanzado. 

Y con razón: no sólo por lo que reza el re* 
Irán y que por entónces era aplicable, de que 
í/ que tiene un ojo es rey en la tierra de los 
riegos, sinó porque en realidad lo merecían, 
por su lucido examen, no general en la villa. 
Je X. . . 

Sin embargo, no siempre se tiene la virtud 



§4 LAURA' V CLOTILDE 

de reconocer el mérito ajenó, por niá« que se? 
palpable é indiscutible. 

La envidia, cual ponzoñoso áspid, empezó 
á clavarse en las virtuosas é intelijentes ni- 
ñas, atribuyéndose lo que era un acto de es- 
tricta justicia á una preferencia censurable y 
desmoralizadora. 

Los piemios, en la {forma en que se adjudi- 
cad desde antaño, tienen un peligro, en nues- 
tro modo de pensar. 

No creemos que una medalla, sea de lo que 
fuere, un libro ó un diploma, tengan la facul- 
tad de emular á la niñez eduoanda. - Por el 
contrario, tales reeompénsas al estudio no se 
interpretan siempre como una palmo discer- 
nida al merecimiento. 

Los aló mil os y padres de aquellos educan- 
dos no premiados, en su inmensa mayoría, 
ensoberbecidos, y én el concepto erróneo de 
quedas influencias, la adulación y el compa- 
drazgo andan por medio, vierten juicios aven- 
turados y estravian k>s sentimientos del niño, 
haciendo nacer en su corazón el ódio, la en- 
vidia y la fatuidad. 

¿Por qué, pues- ’ no So prescinde de tales 
medios de estimulo, que ademas de importar 
un {{verdadero . sacrificio pecuniario para leí 
que ejercen la ardua y delicada carrera del 
magisterio., no llenan propiamente su objeto. 



LAURA Y CLOTILDE 25 


siendoeontraprodiicéntes en resultados,— sal- 
vo rarísimas excepciones? 

¿No hallan más económico y eficaz los após- 
toles de la educación de la infancia colocar en 
un cuadro en el local dé la escuela la nómina 
y clasificación de sus educandos, ya hayan ob- 
tenido dictamen de sobresalientes, muy bien, 
regular ó negativo? 

Así el que haya sido mal clasificado se apre- 
surará á adelantar, tomeroso de que llegue un 
nuevo examen y se le encuentre en un estado 
deplorable de atraso, pues muchas veces, *ppr 
mas que el maestro se devane los sesos, nada - 
consigue, porque la desidia del niño y falta de 
aplicación influyen en grado superlativo, y los 
progenitores de unos y otros no tendrán qué 
decir, ni injusticias reales ó supuestas que la- 
mentar. 

Un. cultor de las letras, queriendo estimular 
á’ Clotilde le dedicó las estrofas siguientes: 

A CLOTILDE 

Cada vez que dirijo el pensamiento 
liácia la historia de mi edad pasada. 

Se levanta una sombra en mi conciencia, 

Que acusa la indolencia de mi infancia. 

Y es, Clotilde, que entónces el estudio 
No irradiaba en el cielo de mi alma. 

Que en lugar de ilustrar mi inteligencia 



'26 -LAURA Y CLOTILDE 


Sólo en el juego mi delicia hallaba. 

Mas hoy que la experiencia me ilumina, 
Comprendo lo que vale la enseñanza, 

Y me afano con ínfima alegría 

-Poí* descorrer el velo á mi ignora-ncia, 

Y tu que en los dinteles del estudio 
Aun estás, en la aurora de la infancia. 

No debes desdeñar de tu maestra 
Las lecciones benéficas y sabias. 

Sigue siempre adelante, por la senda 
Que te marca el destino en lontananza; 
Prefiere á una muñeca y á un Aslete, 
Una buena moral v una Gramática. 

V 

Que fugaces los años se suceden 
En pos del porvenir que siempre avanza, 

Y si el. alma se entrega á la indolencia 
Ha de llorar su dejadez mañana. 

Sigue siempre adelante sin zozobra, 

Y entrégateal estudio con constancia: 
Que taívez en un dia no lejano 

Has de ver tu labor recompensada. 

Haz que el triunfo obtenido sea completo, 
Persevera sin miedo en la borrasca, 

Que querer es poder, y si prosigues 



LAURA Y CLOTÍLDLí 27 * 


Realizadas veras tus nobles ánsiasr. 

• • •* 

A Laura también' Ib dedicó los cuartetos si v 
guientes, si bien en un estilo distinto - que los 
anteriores, no móhos impregnados de senti- 
miento y de justicia: 

*A LA0Ra 

Tus ojos rasgados, tu bello semblante, 

Tus labios de rosa, tu dulce reír. 

Revelan, oh Laura, que tú eres constante. 

Que tu alma inocente no sabe mentir; 

Revelan que iln mundo de dicha te aguarda,- , 
Porque eres un ángel de célica faz; 

Un ángel divino, — el ángel de gúa’Vda 
Que vela el santuario de un bello ideal.. 

Que Dios te conserve por siempre hichicera, 
Que encienda en tu pecho raudales de amor, , 

Y puedas mañana gozar placentera, 

Mecida en la cuna de eterno arrebol. 

Prosigue adelante, con fó en el estudio, 

Aparta la vista del mundo falaz, 

Mira la discordia con tédio y repudio v 

Y anhela que reine doquiera la paz. 

Que así disiparse verás la ignorancia, 

La envidia, el orgullo, el vicio y el mal: 

Pues si hoy no comprendes .viendo en la infancia*» 



LAURA Y CLOTILDE, 


28 


Mañana matrona sabráslo apreciar. 

Que séres henchidos cual tú de inocencia, 

Que tienen un alma que infunde placer, 

Son dignos, muy dignos de eterna existencia: 
Por eso yo anhelo dilates tu sér, 

Levalta del polvo tu hermosa cabeza, 

Empapa el espíritu de luz inmortal, 

Y habrás alcanzado más noble grandeza,. 

Más dichas y glorias que puedas soñar. 

_ Esto contribuyó á sembrar el estímulo en el 
corazón de Láura y Clotilde. 

Aprendieron de memoria los versos trans- 
criptos y sus padres se los hacían recitar cada 
vez que iba alguna persona conocida á visitar- 
les . 

Está pues, demás decir que desde entónces 
redoblaron sus esfuerzos. 

IV 

Todo esto marchaba á las mil maravillas, 
cuando una nube vino de súbito á empañar 
aquel cfelo de felicidad, tan diáfano y tan püro t 
entre las dos novelas é inseparables amigas 
del hogar y de colegio, 

Laura y Clotilde, que eran las reinas de 
aquella villa, debido á la maldita envidia de los 
espíritus pequeños á que hemos hecho refe- 
rencia, y que las veían subir á la cumbre con 



LA UR A Y CLOTILDE 20 ; 


disgusto de su vanidad,— poco á poso fueron 
perdiéndose el cariño de hermanas que se pro- 
fesaban. 

Las madres dé las niñas no premiadas, hi- 
jos de familias ricas, queriendo vengarse de 
algún modo de una ofensa qne no se les* había 
hecho, al menos por parte de Laura y de sus 
padres, aconsejaron á los de CLotiide que no 
dejasen juntar á ésta con aquella. 

Al principio opusieron resistencia, pero 
después de una larga lucha cayeron vencidos, 
por la malediscencia > el sofisma y la intri- 
ga* ‘ 

Eran ignorantes, y como poseían grandes 
caudales, se les hizo persuadir que con el oro 
eran más que todos, y que por tanto, no debían 
tolerar que su bija cultivara relación por más 
tiempo con Laura, descendiente de una fami- 
lia pobre, aunque honrada y querida. 

Para separar á aquellas amigas tan. íntimas, 
fué menester pues, entrarlas en mil y mil 
chismografías y múíuas recriminaciones. 

A los padres de Clotilde no se les podía con- 
vencer de la necesidad imperiosa y de decoro 
que pudiera existir para evitar tan insólita 
y bruscamente toda relación con los de Lau- 
ra. 

No daban fé á aquellas palabras impregna- 
das de ponzoña. El sentimiento del honor da- 
ñado y el de la amistad, sostenían una terrU 



3.0 


Laura y glotil.de 


ble lucha. El corazón era un campo de bata- 
lla. 

Fueron, empero, impotentes y cedieron ai* 
fin, saliendo victoriosas la intriga- y la colurn- 
nia. 

Desde entonces no mantuvieron comunica- 
ción de ninguna especie. 

En él colegio se sentaban en bancos distan - 
tes y ya no iban por la misma senda. 

La preceptora y las buenas amigas de los 
padres de Clotilde luciéronles observaciones 
muy sensatas, con el propósito de ver si desis- 
tían de su mala idea; pero rodo fué inútil, pues 
la obcecación más ruda había embotado su 
entendimiento y ya no escuchaban la voz de Ja 
razón . 

En la villa de X"*, — como población peque- 
ña,— se había trascendido esta rencilla de fa- 
milia,y siendo los progenitores de Laura bas- 
tante conocidos y estimados por su conducta 
intachable, aumentaron los comentarios des- 
favorables al ; proceder de sus' antagonistas de 
última hora. 

El espíritu del mal ejerce una influencia po- 
derosa en los ánimos apocados y íaltos de luz, 
y por lo tan-to, se hizo carne en el corazón de 
esa pobre gente descarriada de la senda del 
bien, no oyendo otros consejos que aquellos- 
inspirados por la perfidia y la a-nimadversíonv 



LAURA Y CLOTILDE 3Í, 


No era p9¿ible,'sin embargo., que en jun¡ ab i i r 
y cerrar de ojos, como quien dice, dq la noche 
á la mañana, se rompieran tan de pr oal o los 
profundos vínculos de cariño que unian esos 
dos corazones infantiles, tan nobles y genero- 
sos, y por más vigilancia que observaban los 
progenitoresde Clotilde., para que ésta no man- 
tuviese con Laura relación alguna, ni de pala-, 
bra ni por escrito, los eslabones férreos de la' 
amistad no pudieron romperse fácilmente 

En la escuela aun, y después de sin fin de 
cavilaciones y sufrimientos, se decide Clotilde 
á comunicar á su amiga sus penas y palpitante 
cariño.— Laura lo babia pensado más de una- 
vez, sin atreverse, nunca á hacerlo, ya porno 
enturbiar el lago trasparente de la dicha de 
aquella, ora pof que no se la juzgara mal, cre- 
yendo que buscaba mantener aquel afecto por 
interés material ó social. 

Una mañana recibe una carta concébida en 
estos términos: 

Mi querida Laura: 

Con el corazón traspasado por el dardo del 
dolor y mis mejillas bañadas en llauto, me 

aventuro á escribirte estas líneas. 

Vá mas de ilh año que no combiamos una 
sola palabra, y que solo hemos tenido la felici- 
dad de cruzar furtivamente nuestras miradas 
en las bancas escolares. 

Pero cuán fugaz ha sido esta ventura, amp 



LAURA y CLOTILDE 


'3.2 


•ga rnia! Mis padres , mal|eneaminados, me aca- 
ban de arrebatar por compicto ésa ráfaga de 
bienandanza mezclada con negros tintes de 
amargura! 

¿Por qué nos privan ya deque frecuentemos 
un mismo colegio, siendo que nos hemos com- 
portado bien, ahogando en el fondo del alma 
ia melancolía y el cariño, como unas hipócritas 
ó como séres que no se conocen ni estiman en 
lo más mínimo? 

¿Talvez alguna nueva intriga ha venido á 
hondar tanta desgracia? 

Quién sabe., Laura, quién sabe; pero sea lo 
que fuere, no quiero que me tildes de ingrata 
y mala amiga, y cueste lo que costare, ahí vá 
mi corazón en estas líneas, y con él toda ini fe- 
licidad y quizás mi porvenir! 

St, todo;— porque si se me intercepta, apos- 
trofa y prohíbe con mayor severidad que te 
trasmita, mis ideas y sentimientos y que tú ha- 
gas otro tanto, correspondiendo á mi íntimo 
anhelo, estoy dispuesta á quitarme de encima 
e§ta carga pesada llamada vida! 

Perdona que así le hable, pues sin tener aun 
los cabellos canos, niña como tu, me he vuelto 
filósofa, á fuerza de tanto sufrir, bebiendo gota 
á gota, en el cáliz de la contrariedad, la hiel de 
mi desventura y de ia tuya, que son gemelas. 

Esperando sabrás corresponder áéste sacri- 
ficio inmolado en holocausto á la imborrable 



LAÚRA Y CLOTILDE 


33 


amistad que nos profesamos, te saluda y abra- 
za con efusión tu amiga del alma — 

Clotilde. 

Laura se sintió profundamente sobrecojida 
al recibir la carta de su amiga, y un mar de lá- 
grimas inundó su rostro al terminar su lectura, 
teniendo que hacerlo por intérvalos, pues la 
emoción la embargaba. 

Sus padres, enterados de ella, lloraron á ia 
par suya, lamentando una vez más que una in- 
triga infame hubiera sembrado la cizaña y la 
amargura entre dos familias, ayer no más ínti-' 
mas y espansivas. 

Laura no se hizo espe.rar y ánles que Clotil- 
de pudiera tacharla de indiferente á su solicitud 
se dispusoá contestarle. 

Tomó la pluma, y entre sollozó'* y sollozo, 
respondió así; 

Mi idolatrada Clotilde: 

Cuán'buena eres! Tu carta ha ahondado más 
y más el afecto purísimo é inextinguible que 
siempre he sentido y siento por tí. 

Veo que no ha penetrado aun en tu corazón 
el torpe orgullo, impropio de las almas gran- 
des como la tuya, y confío en que saldrás vic- 
toriosa, mañana como hoy, del huracán de pa- 
siones bastardas que sin piedad azota las pare- 
des de tú hogar. 

No culpo á tus padres de nuestro alejamien^- 
to y desdicha* ellos son víctimas,— como tú no 



34 


LADRA Y CLOTILDE . 


!c ignoras,— dé su falta de luces y de los con* 
sejetvs oficiosos, malignos y despiadados que 
tes marean sin cesar, -y aunque tienen un co- 
razón de paloma, según el dicho de nuestros 
abuelos, — de nada les sirve en este caso.- El 
vértigo déla vanidad les fascina y ciega. ¡Qué 
fatalidad!. , 

La lengua es la perdición del género huma-* 
nó cuando se hace niai uso de ella, y es lo que 
nos condena á padecer sin que esté en nuestras 
manos evitarlo. —Sigue siendo buena, conti- 
núa síntiendo y pensando como basta aquí, que 
cierta estoy que léjos de arrepentirte, tendrás 
sobrados motivos de congratularte de ello, tal* 
véz én un futuro no muy lejano. —Tienes ta- 
lento y corazón, y ambos son prendas de gran 
valia, que no se compran ni con todo el oro del 
inundo. 

Yo te guardo el mismo afecto que antes, 
siempre be rendido ferviente culto al amor d® 
hermana que con tu carácter afable, buenas fac- 
ciones y esquísito trato hiciste nacer en el fon- 
do de mi espíritu, y no desespero de poder cul* 
tivarlo algún diaeon la felicidad que al presen- 
te nos está vedada. 

Reiterándole mis votos-de venturanza, recibe 
el acendrado cariño y un fuerte abrazo de tú in- 
¿ variable amiga— 

Laura. 

Estas fueron la primera y última cartas que 



LAURA V CLOTILDE 


35 


cambiaron, pues quiso su rnoía éstrelfa que los 
padrés de Clotilde descubriesen la misiva de! 
Laura.— Siempre ía> llevaba dentro el seno, 
guardada sobre su corazón, como un tespro de 
valor inestimable, y un día se lo cayó ál mu- 
darse de ropas interiores, sin que se apercibie- 
ra de ello. Fuó así que llegó, á poder de sus; pro- 
genitores. 

La eseena que se desarrolló al leerla, ya 
puede imaginarla el lector: fue borrascosa, de 
apóstrofos, reconvenciones' y .amenazas, —-un 
potponrrtá& escándalo. 

Se la dijo á Clotilde que Laura no podía ser 
su amiga, desde qüe trataba tanmalamento á 
los autores de sus dias, ' calificándoles implícr 
lamento de pobres diablos, de instrumentos 
inconcientes do pasiones bastardas y que su 
decoro exigía rompiese de una vez por todas 
con una amistad para ella nada honrosa. 

— Dime con quién andas, te diré quién eres, 
reza el refrán, y tu compañía y relación cón la 
hija de esos pelagatos, que no tienen finas capi- 
tal que ei'que adquieren con sú trabajo diario, 
nada te favorecen, porque la gente ha de decir 
& voz en cuello que eres su igual y que nos- 
otros somos otro tanto,— observóle' con enojo 
su padre. • ' 

Por única respuesta, Clotilde s© eché 5 ti Ho- 
ra»*. 

. —Mi infortunio será eterno, -?rse dijo, -^pues 



36 


LAURA Y CLOTILDE 


una amiga es un tesoro, y al perder la única que 
tengo de corazón, se me arrebata con ella toda 
esperanza dé felicidad futura. 


VI 


Desde entonces Clotilde ca’tnbió de carácter 
y de sentimientos.— Educada en una escuela, 
de odios y de. .orgullo, tenia que transformarse 
por completo, no siendo ni sombra de lo que 
habia sido en sus primeros años, y sú fin tenia 
que ser, ciertamente, muy triste, la antítesis d<?l 
de Laura. 

En efecto: ya crecida, el coquetisino se apo- 
deró de su espíritu, y sabido esquela mujer 
coqueta no acaba bien comunmente. — Se ali- 
menta de miradas y de sonrisas, de fugaces 
halagos,, que al disiparse se convierten en roe- 
dor áspid, y su mas ardiente afan se cifra en 
dejarse hacer el oso con los dandys, convir • 
tiendo poco á poco su corazón en un álbum de 
hojas infinitas, y al postre cae en brazos de la 
concupiscencia, pues vacio de amor todo su 
sér y de inspiraciones hidalgas, seabandona al 
acaso, haciéndose dueña del más audaz aven- 
turero. 

Con el transcurso del tiempo lo olvidó pues, 
todo, y para ella la amistad era una palabra sin 
sentido, la modestia una hipocresía, la hooes* 
tidad un lujo que ostenta la vanidad sin per’ 



LAURA Y CLOTILDE 


37 


ganiinos, y !a gratitud sinónimo de torpeza. 

Por consiguiente, habíase transfigurado por 
completo. Ya no era aquella niña afable y de* 
sinleresada: un cortejo de desmedidas y bas- 
tardas ambiciones la dominaba. En el lujo y la 
vanidad cifraba toda su dicha. Como era rica, 
tenia adoradores por docenas. Boy seentrega* 
ba á los halagos de mao, mañana á los de otro, 
y así ¡ba pasando su vida entre el coquetisino y 
la fatuidad. 

El aprecio que antes habia inspirado, ya es- 
taba pues, muy léjos de merecerlo. * 

Entre sus adoradores sobresalía un joven do 
unos 25 años de edad. 

No se imagine el lector ó lectora que el per* 
aonajealudidosea uno de esos tipos de Byron 
ni de Walter Scott, que reúnen elbelloideal 
con que tanto sueñan las románticas damas; 
no, nuestro héroe, aunque de aspecto simpáti* 
co, era de humilde cuna, de inteligencia no 
muy desarrollada y de fortuna nada halagüeña, 
empero su plausible dedicación al trabajo y al 
estudio. 

Su físico, si bien no. se asimilaba al de Picio, 
tampoco se parecía al autor d eChild Harold 
y de Don Juan, el célebre poeta inglés muerto 
en Grecia en 824, y que gozaba fama de ser 
el galan más hermoso de su tiempo; pues á 
nuestro jóven no le habia favorecido laNáfi 1 - 



38 


LAURA Y CLOTILDE 


raleza con los encantos prodigados A -manos 
llenas a otros de su edad y de su época. 

• Era de regular ‘estatura, sumamente delga- 
gado, barbilampiño, de cabeza más grande 
que pequeña, dotada de un ángulo facial pro- 
minente; nariz; aguileña, como ja del vencedor 
de las Gallas, lábios sensuales, ostentando una 
rizada melena rubicunda, “que caía sobre sus 
hombros, dándole el aspectt de una de esas 
antiguas estampas que los pintores nos pre- 
sentan del vizconde de Mirabeau. 

Vestía siempre un vaqueta lo andaluz, pan* 
talón , ajustado, de aquellos llamados dé bombi * 
lia, que dejaba entrever una canilla inferior pe* 
trificada; cubria su ; sobresaliente cabeza un 
descomunal cihndio, concuyo trajese hizo re* 
tratar.para favorecerá Clotilde con un fac sí- 
“milc|desu singular efigie. 

A lajóven no le disgustaban sus galanteos y 
Jé hizo consentir que sentía por él un profundo 
afecto, una pasión más ardiente que las arenas 
del desierto de Sahara.- -Aun qaás: prometió 
hacer vida común con él,! rompiendo de ese 
modo los vínculos morales que le unían á la so- 
ciedad y á la familia. 

En e'ecto: cuando ménos se creía cometió el 
desliz y la flaqueza rje fugarse del lar paterno, 
sin comprender que tal conducta le llevaba al 
abismo sin fondo de la deshonra. 

Sus progenitores no hicieron caso.de ella, y 



laura y Clotilde 


39 


\ ~ ■■■ ■ 

fa abandonaron por completo. 

— Sin honor, decían, afuera una ¡gnomi- 
n<a que permanecioser nuevamente á nuestro, 
fado. 

Sin embargo, ello®, errmedio su obcecada 
ignorancia, fa habían puesto en la íes balad iza 
pendiente, eslraviando su corazón y mareando 
sus sentidos con el inciensp de la vanidad y el 
orgullo. ■< 1 

: Sola en ebmundo, sujeta á . su propia volun'- 

i lad, sin 1 mas control q-tte sus desordenadas pa* 
sione,s, en unión de Jorge pasólo entregada 
muchas de sus manaoas¿de la vida, empapan- 
do su corazón en lina atmósfera viciada, 'que. 
paulatinamente corroía su hermosa j uventud, 
agotando la savia de su existencia. 

Ei porvenir que la esperaba m podía ser 
pues, nada lisonjero. 

La estimación pública la había abandonado,, 
y divorciada de las buenas costumbres nadie 
podia mirarla al rostro'sin. conmiseración v re-' 
pugnaneia. 

La lascivia que brotaba de sus chispeante® 
ojos y de sus volcánicos y húmedos lábios, so - 
lo podía atraer á sí la concupiscencia v las pa«r 
sienes desbordadas. 

Vil 

• Después de algún tiempo de locuras, en que 
nabia coavertido en un mosáieo sus pasiones,. 



40- 


LAURA Y CLOTILDE , 


Clotilde, cansada de llevar aquella existencia 
tan suelta, que hora por hora, y dia por dia de- 
bilitabasus fuerzas, y que más de un galan dig- 
no habia desdeñado en su nécia vanidad, re^ 
husando enlazar su porvenir al suyo, se entre- 
gó por completo, en brazos de otro amante, con 
el propósito de dedicarle á él toda su vida y lú- 
brico cariño. * " 

Ya no era Jorge e! que la estréchaba con de- 
lirio embriagador oontra su seno. - Ot»o era el 
doncel á quien favorecía con sus halagos:— un 
joven de rostro bien parecido, perteneciente á 
una familia acomodada, que figuraba en la pri- 
mera sociedad, y que le cautivó, mas que por 
sus méritos personales, por la cuantiosa fortu- 
na que poseía. 

Isaac, — que así se 11 »maba el aludido, -sin 
esperiencia, ya por los pocosañosque contaba, 
ora por no haber cruzado mundo, se dejó des- 
lumbrar con la belleza de Clotilde, y en s'u ho- 
noi; sacrificó su bienestar, .porvenir y «riquezas, 
teniendo que cruzar sus armas con más .de un 
pretendiente desmamada. . ;• 

Jorge fué el primero que se creyó con el 
derecho de pedirle esplicaciones, pues cuando 
más seguro se creía del corazón de su donce- 
lla, le fué bruscamente arrebatad j. 

Llamó á dos de sus mejores amigos y les di'* 
jo: 

—Mi honoi mancillado, mis fueros deseo- 



Lftt'RÁ Y CLOTILDE 


41 


nocidos y mí entereza personal exijen de vds'. 
un señalado servicio.— Isaac, mí fementido 
amigo, acaba de cometer conmigo una acción 
infame. — Después de mil maniobras de que se 
valió, ha cónclu.do por seducirme á Clotilde, y 
este hecho no puedo mirarlo sin indignación y 
en silencio, pues - con ello- me presenta ante la 
sociedad cual un zote que no sabe hacer valer 
Sus derechos. 

Quiero pues, que vds. me representen en él 
duelo á que pienso provocarle-. 

¿Verdad que no despreciarán mi solicitud? 

— Ciértaménte, repuso uno de sus interpela- 
dos. 

— Pues bien: tomen esta carta de autoriza- 

ción, apersónense á ese tuno y espóngaule mis 
intenciones»- , 

—¿Cuáles son el'as? 

— Retar' eá d uel o ! 

—A muerte? 

— Eso veremos — Vds , como mis padrinos, 
harán lo que puedan para evitarlo, pues no 
soy ducho en el manejo de las armas y aunque 
me sobra valor, podría talvez aprovecharme 
ese pillastre, quési le falta coraje* no sucede lo 
mismo en destreza. 

—¿Y qué ai mu prefiere vd., en caso de no 
poder llegará una conciliación decorosa? 

— Eso ya !o pensaremos. - — Vayas vds. á ver- 
le, dénlo cuenta de la misión que les he conlia- 



42 LAURA Y CLOTILDE* 


do, y hay tiempo de sobra para pensar en lo 
demás. 

Los amigos de Jorge se apersonaron á su 
rival, y le espusieron el objeto que les llevaba á 
su presencia. 

Dejando dibujar una irónica sonrisa en sus 
lábios, después de leér la carta referida y oír- 
les, prorurnpió: 

— ¿Con que Jorge, el celebérrimo Jorge me 
reta á duelo? Está bien.— Por más que no me- 
rezca la pena, le haré el gusto.— Así no le que- 
dará el derecho de decir que soy un cobarde,— 
y si le he quitado la dama, le quitaré también la 
vida. 

— Pero, señor D. Isaac, — se apresuró á de- 
cir uno de los padrinos de Jorge, —nuestro 
ahijado, sí esto puede arreglarse de una mane- 
ra satisfactoria, no persistirá en su idea de ba- 
tirse.— Se cree ofendido, y desea desagraviar- 
se; 

— Pues á eso voy -El desagravio lo tendrá 
en la boca de una pistola ó en la punta de un 
florete. 

— No hay por qué exaperarse, D. Isaac. To- 
do puede concillarse sin necesidad de derramá- 
miento desangre. 

—Y de qué manera, señor mió? ¿Acaso de- 
volviéndole á Clotilde? Eso jamás! Ni es ella 
una mercancía, ni yo lo consentiré. 



LAURA Y CLOTILDE 




— N.ó; eso no es preciso. — Basta que vd. de- 
clare én una acta, que podríamos labrar al 
efecto, que su intención no ha sido ofender á 
nuestro patrocinado..- Con eso quedaría ileso 
su honor 

— Pero vds. me piden una tontería, cuyo al- 
calceno me esplico. 

-Perdone, Sr. I). Isaac. — Aquí, lejos de^ 
tratarse de uoa nimiedad, se trata de un asun- 
to grave, gravísimo. — La dignidad es cosa de 
alta estima, y si se la menoscaba impunemen- 
te, el que recibe esa afrenta se hace indigno de 
sí mismo y de la sociedad en que vive. 

—Todo eso es muy verdad; pero me sosten- 
go en lo dicho. 

—¿Quiere decir entonces que vd. está, dis- 
puesto á batirse? 

— Si su prohijado lo exije, no eludo el duelo. 
— Aunque no creo haberlo ofendido^ yo nunca, 
sé rehuir la responsabilidad de mis actos. 

— No lo ponemos en duda, y siempre hemos 
hecho ávd. la justicia de reconocerle los méri- 
tos que le distinguen; pero ya que vd. mani- 
fiesta que no ha querido ofender en lo más mí- 
nimo á nuestro ahijado, no vemor por qué' 
ao ha de poder así declararlo. 

— Ya que vds. insisten, accederé á su rue- 
go, más por los padrinos que por el ahíja», 
do. 

Sin embargo, lo haré en una carta y nó en» 



44 LAUR..A Y CLOTILDE 


una acia. 

Acto continuo, lomó una pluma dé su es- 
critorio v escribió lo siguiente: 

Sres.’N. N. y N N. 

Muy señores inios: 

Por más que lo juzgo innecesario, v solo 
por complacer á vds., declaro: que yo no ten- 
go, no be tenido ni creo llegue el caso de.que 
tenga ninguna animadversión al bueno de D. 
Jorge ••• 

Si el caso llegase, — que no lo espero.— otro 
gallo cantaría, yántésque recibir sus padrinos, 
ól recibiría una soberana paliza de rm parte, 
pues no acostumbro andar con chicas, ni admi* 
to farsas como Ja que muchos han dado en lia 1 
mar duelo. 

Esperando que vds. quedarán satisfechos, 
les saluda con la consideración que se mere' 
cen^- Isaac. 

Los padrinos de Jorge,— que en materia de 
valor personal corrían pareja con su mandan* 
te,— hicieron lo del diputado uruguayo: se die* 
ron por satisfechos, y llenos de mil reverencias 
salieron máá que lijero de casa del afortunado 
Isaac, -en derechura á lo de Jorge . 

Estese hallaba en estremo preocupado, con 
el miedo relozándole en el cuerpo, pues sus 
verdaderas intenciones no eran batirse, sino 
darse importancia y hacer más tarde gala de 
su proceder. 



LAURA Y CLOTILDE 


45 ' 


—Qué tai, mis amigos? dijo Jorge al liegar 
sus padr inos.- ¿Han arreglado la cosa, ó ese 
cachafaz se niega adarme explicaciones? 

—Quiá! hombre, quiá! Aquí las tenemos, v 
ámplias. 

Jorge, con la cara echa unas Pascuas, tomó 
más que lijero la carta de Isaac, y la leyó apre' 
suradamenle, esclamando: 

— Bien decía yo que era un cobarde.. Así 
son esos valientes de pura diaria: cuando llegad 
el momento se amilanan, y no ies falla pre: 
texto para sincerarse. ó 

Gracias, mis amigos, gracias. Vds. ha% la ; * 
vado ' mi honor, y siempre tendré présalo 
tan señalado servicio. Esta noche cenarem|i^ 
opíparamente en lo de Santiago y así celebi^-*' 
remos dignamente nuestro triunfo. 

Isaac, en tanto, se había quedado riendo á 
mandíbula batiente de su temible adversa- 
rio. 


Clotilde quedaba pues, en absoluto señorío 
de Isaac. 

Desde entonces su vida fué fugaz. La ¿feo - 
condría se apoderó de su espíritu y no huBto 
medio de hacerla volver á sus pasados tiem- 
pos. Ni el lujo, ni los halagos más deliciosos 
tuvieron influencia suficiente para levantar su 
corazón y sentimientos. 

Isílac, su ven turóse amante, rico como era, 
no la escaseaba lujo y diversiones, — El oro so 



4(3 


LAURA Y CLOTILDE 


derramaba á manos llenas, sin miramiento , 
no pensando, sin duda, que algún día debía de 
acabárseles. — Absortos en el presente no te- 
mían ni les preocupaba el porvenir. 

Un año y meses después, todo cambió de 
aspecto. — El carácter alegre de ambos perdió 
sus tintes de transitoria y aparente felicidad. 
La dilapidación, la intemperancia de las pasio- 
nes, la falta jde cacumen habían hecho disipar- 
le en un breve tiempo las riquezas de Isaac, 
y con ella su salud y la de Clotilde. 

J punto se vio perseguido por un mundo de 
Redores, y nadie quería ya fiarle lo más mí- 
Ffn o . 

¡¿Qué hacer en tales circunstancias 0 ? Abando » 
ar el lugar de su residencia? 

Ese fue su primer pensamiento, pero recapa- 
citando, desistió de él . 

— ¿A qué irnes fuera de aquí, se decían, si 
allí donde no se nos conoce no hallaremos 
quien nos tienda su mano protectora, y núes- 
tí^knecesidades aumentarán de dia en día, sin 
ygPtr medies de poner término á ellas? 
jpCIotilde se habia criado mimosa de sus pa- 
dres, y no aprendió nunca á hacer nada, pues 
no sabia lavar, planchar, coser ni cocinar. 

Niña, todo lo recilvó hecho, y mujer, sus 
arpantes le proporcionaron cuanto le hizo fal- 
ta. 

No era pues, útil para nada, y en nada podría 




lAURA V CLOTILDE 


47 


emplearse. 

Con Isaac sucedió algo parecido, ffu'és si 
bien era unjóven inteligente y de relativa ins- 
trucción, carecía del hábito al trabajo, y le 
costaba entregarse á él después de tanto tiem- 
po de holgazanería y despiltarros. , 

La perspectiva que se presentaba á los ojos 
de ambos era, por lo tanto, en estremo som- 
bría y aterradora. 

Esto les tenia sumamente preocupados, so- 
bre todo á Isaac, que á pesar de su relajamiento 
moral, un rayo de luz asomaba dé vez en 
cuando á su intelijencia en otra época precla- 
ra. 

Una mañana se levantó más temprano que 
de costumbre, y después de pasar una noche, 
en vela, en medio de un mar revuelto de ide$$, • 
á cual de ellas mas estrafalarias, con la resec- 
ción irrevocable de atentar contra su vida, que 
ya leerá una carga pesada é insoportable. 

A Clotilde le llamó la atención, que su aman- 
te hubiera madrugado, máxime sin haberle 
participado que pensaba hacerlo. 

¿Qué te ha hecho abandonarla cama á una*, 
hora no habitual? le interrogó. 

— Es que atenciones urgentes me obligan á 
tomar una determinación que no esperaba. — 
Ayer noche se me notició del fallecimiento de 
un lio, hombre de inmensa fortuna, sin hijos 
ni más parientes que yo, y antes que el Fisco 



48 


LAURA Y CLOTILDE 


se acogiere de sus bienes, juzgo convinien'e 
trasloarme al lugar dónde estos se hallan, á 
fin tf| constituir apoderado y acreditar mi cali- 
dad de único heredero. 

Para eso hay tiempo, Isaac. — La ley no 
quitará derecho por que aguaites algunos días 
más. * , 

- No digo lo contrario; — fiero lo que del e 
Hacerse hoy, nunca debe dejarse para mañana, 
dice un aniiguo proverbio, y á él quiero suje- 
tarme. Ya he arreglado mi bal ija de viaje, 
y esta tarde pienso lomar el vapor y manchar- 
me. 


—Y yo ¿cómo es posible que me quede sola, 
sin tener qu.én me acompañe durante tu au- 

f ? ¿No ves que es una locura la queco- 

55 Gertrudis, que es tan buena, no du- 
se prestará gustosa á hacerle compa- 


— ¿Y has hablado con ella 4 ? 

— Nó; pero ya te ha prestado más de uno vez 
ese servicio, y creo que por breves dias bien se 
quedará á tu lado. 

,< — ¿Entonces .me prometes qué regresarás 
pronto? ' ^ 

— Sí... muy pronto: talvez mas de lo que tú 
te ihnaginas, dijo irónicamente Isaac, velando, 
siífóembargo, la es|.)j*esion, para que no se 
apercibiera Clotilde de su propósito. 



LAURA Y CLOTILDE 


49 


— Pues ahora mismo me voy á casa de ésa 
buena señora, la enteraré de tu viaje precipita* 
d<>y de los poderosos motivos que te impulsan 
á efectuarlo. — Estoy cierta que no pondrá nin- 
gún obstáculo á mis deseos. 

Dicho y hecho: Clotilde se dirijió en el acto 
al domicilio de D * Gertrudis. —Era una seño- 
ra que frisaba en los sesenta abriles. — pues ha- 
bía nacido en el cuarto; mes del año,- obesa, 
íejpéoino un susto, pero de buenas en trañas^y 
viuda de un abastecedor de ganado. — Su ocu- 
pación consistía en la fabricación y ventaje 
pasteles de hojaldre y masitas de diferente ta- 
maño, clase y eodimenlacion. — Sin embargo, 
cuando se ofrecía la oportunidad de cuidar un 
enfermo 6 de acompañar una dama sola, se 
prestaba á ello, si no gratuitamente, por úna 
modesta gratificación, que le ayudase ¿.vivir 
honradamente. — Clotilde, en consecuencia, no 
se vió desairada en su anhelo. 

Isaac, aprovechando encontrarse solo, arre- 
gló sus papeles, escribió una carta, que colocó 
en ol cajón del tocador de su amada, y luego' 
salió á la calle en busca de su pasaje. * 

Cuando volvió, ya Clotilde habia regresa- 
do. 

Notándole triste y pensativo, y queriendo, 
sondar su pensamiento, díjole: 

- Tu semblante revela, mi querido Isaac, 
que algún dolor que me ocultas hiere profuri- 



50 


LA.URA Y CLOTILDE 


«jámente tu Corazón 

. ¿Por qué lerier reservas para conmigo, para 
quien tanto te ama y que por tí lia hecho lo que 
no habría concedido á ningún otro? 

— Sí; estoy taciturno y melancólico; pero es 
por que siento separarme de tí. 

— ¿Y no dices que volverás pronto? 

Así lo espero, al menos. 

— Entonces, fuera todo pesar. Nuestra sr 
tuacion,lioy precaria; cual no la creíamos, de- 
jara de serlo dentro de pocos meses* — La suce- 
sión de tu tio so liquidará antes de sesenta «lias, 
y lo que hoy nos hace fulla, mañana lo tendre- 
mos en abundancia. 

— La ausencia, Clotilde, cuando do» seres 
se quieren con entrañable cariño, — por breve 
que sea,- es siem prendara. -'Si á esto añades 
nuestra pobreza, y que te dejo sin mayores re- 
cursos, comprenderás que tengo motivos so- 
brados para no reu* ni gozar. 

- No te aflijas por eso— Asi como he vivido 
hasta hoy, podré hacério tan corto lapso de 
tiempo como el que demorarás en tornar. 

Hablan transcurrido algunas horas.- Isaac 
echó mano aí reloj, y golpeándose !a frente, 
excjamó: 

—Ah! ya es tiernpo que tome el portante. 
Dentro de media hora parleel vapor, y no quie- 
ro que me deje* 



LAURA Y CLOTILDE 

51 


9 

No bien había terminado dé pronunciar es->. 
tas palabras, siente que tocan al llamador ¡do 
zaguan. 

Era un auriga que venia $n su busca * 

Intimamente emocionado, estrechó con fre- 
nesí en sus brazos á Clotilde,’ besóla con ardbr, 
y luego se alejó, diciendo: 

- -Ño le olvides de mí! 

— Oh! jamás, jamás! prorumpió Clotilde, ca- 
ycnd •> sin fuerzas en un sofá, que había a pocos 
pasos de ella. 

La infeliz, al volver en sí, se sintió abisma- 
da.— El rostro demacrado de su Isaac, su de- 
terminación tan insólita de ausentarse y ei no 
haberle hablado ántes ni dé la dolencia de su 
tío ni de su muerte, le hicieron presentir una 
tremendadesgracia . 

— ¿Querrá abmdonarme para siempre? Que- 
rrá suicidarse léjos de rpí, ó será cierto lo dé 
la inesperada herencia? 

Quién sabe! Esperaré, sin embargo, v aun- 
que quien espera desespera, esperando áji trien.' 
taré al ménos una espéranza! 

Que ella sea para mi felicidad! 

VIII 

■ b 

Clotilde no comió rii lo pasó á gusto durante 
todo el día. 

¿Y cómo habiade pasarlo tranquila, si Isaac, 



52 


LAURA Y CLOTILD E 


á pesar de su aparento serenidad de espíritu, 
se ausentaba de una manera tan precipitada, y 
no obstante ser siempre para con ella lo más 
confidencial, se ha-bia mostrado esta ocasión 
tan reservado, no dándole á saber con antela- 
ción su proyectado viaje? 

¿No habrá dejado alguna carta? dijo, y prcsin* 
tiendo algo terrible, se acercó á su tocador, - 
donde él y ella tenían por costumbre poner al - 
gunos de sus papeles, cuando querían no ol- 
vidarse de ellos,— y con ansia indescriptible 
cojióen sus manos unas lincas, escritas de pu- 
ño y letra de su Isaac, que decían así: 

Mi idolatrada Clotilde: 

Nuestra desgracia es inmensa. — Después de 
nadar en .la abundancia^ por falta de tino nos 
vemos hoy sumidos en la mas espantosa mise- 
ra. ' ' 

^Hijode una familia distinguida, como tú, á 
quiW he deshonrado y maldecido en momen- 
tos de pisen sato estravío, causando más de un 
serio disgusto con mi conducta desarreglada.^ 
intemperante, no tengo valor para volver á eJJa 
en demanda de auxilio y de perdón. 

Pobre, sin más porvenir que e¡ sepulcro, ya 
muerta en mi corazón toda esperanza, he adop- 
tado la suprema resolución de abandonar el 
mundo para siempre. 

Mi viaje pues, no tiene por objeto recojer nin J 
guha herencia. — Cuanto te he dicho ha sido 



LAURA Y CLOTILDE 


53 


falso y solo con el fin de que no obstarás á mi 
insólito y brusco viaje. ; , 

Cuando recibas ésta, quizás* tu desdichado 
compañero de infortunios duerma tranquilo el 
sueño eterno en el seno del mar. 

Adiós, Clotilde, adiós por siempre; ten resig- 
nación, sréstaes posible alcanzarla en la mise- 
ria, y perdona del mal que te cafflsa el proceder 
de tu desgraciado — 

Isaac. 

Clotilde cayó al suelo desmayada, casi, exáni- 
me, -pues no era posible, ante tan negra pers- 
pectiva, permanecer con el án¡mo sereno.— 
La suerte de Isaac era la suya, y sin él la vida 
tenia que ser doblemente angustiosa y. desespe- 
rante. 

D 64 Gertrudis, al apercibirse del estado de 
su acompañada, la recojió, púsola en su lecho, 
desprendióle el corsé, corno para que respira- 
ra libremente, dióla á aspirar un suave éter, 
frotóle las sienes ccn dicho licor medicinal, y 
á los breves minutos logró que volviera en sí, 
presa, empero, de una fiebre devoradora, que 
por poco no la lleva al sepulcro. 

¿Qué era en tanto de Isaac? Vamos á decir- 
lo. — Ya abordo estaba en la cima del precipi- 
cio.— Su anhelo* de suicidarse arrojándose al 
océano iba presto á cumplirse,— Pensó ál 
principio hacerlo tan pronto el vapor abandonó 
el puerto deque había partido, pero juzgó más 



54 LAURA Y CLOTILDE 


propio -realizar su fatídica' idea por la noche, 
cuando lodos estuviesen rCcojidos y reinara un 
silencio universal.— No quería dar á los viaje- 
ros un espectáculo tan doloroso. 

Consecuente con ese propósito, esperó que 
todos se acomodaran en sus respectivos cama- 
rotes, entregados en brazos de Morf'eo, v cuan* 
d ) notó el £hiás sepulcral silencio, oyéndose 
apénase! monótono ruido producido por la má- 
quina del vapor, subió á popa. y se arrojó de 
cabeza al mar. 

Nadie le echó de menos hasta el siguiente 
dia, en que notándose su falta á la mesa, lle- 
gada la hora del almuerzo, fue á su camarote 
uno de los mozos de cámara, creyendo se ha- 
llara indispuesto. 

Sorprendido de no encontrarle, dió cuenta 
-de ello al capitán del buque, quien, — después 
de las averiguaciones del caso, — se convenció 
al fin de que Isaac se ¿había quitado la existen- 
cia echándose al agua. 

Se supo por uno de los marineros que á eso 
de media noche se le había visto subirá la par- 
te posterior del paquete, sin que más tarde se 
le viera bajar, y esto confirmó más esa funda- 
da sospecha. 

Labróse una acta, que suscribieron los via- 
jeros, conjuntamente con las autoridades de 
á bordo, y en el primer puerto que arribaron 
íué entregada para resguardo de cualquier iñ- 



LAURA Y CLOTH.DK 55 


culpación . 

Además, bajo la almohada de su camarote 
hallóse Una esquela que decía:- 
<‘N<> se me busque inútilmente. 

«Mi voluntad se ha cumplido, 

«He muerto suicidado, víctima de las cius 
del mar. 

. Isciqei» 

‘ . IX " 

Clotilde, abandonada por todos, sin una amt- 
ga que le tendiese la mano, pues su descenso 
moral le había hecho perder por entero la esti- 
mación de que antes gozaba, no repuesta del 
todo de su repentino y grave ataque á que Ire- 
mos hecho mención en el anterior capítulo, 
víctima de las necesidades, que pasaba, cavó 
mortal mente en ferina. 

1) Gertrudis, no pudiendo atenderla,-; pues 
también era muy pobre, ^-la hizo trasladar á 
un hospicio vecino, á fin de que fuera sometida 
á una asistencia médica metódica y se la pro- 
digaran los cuidados indispensables á su Que- 
brantada salud. 

Allí se la trató con solicitud, pero su enfer- 
medad no tenia cura: una tisis galopante había 
(tunado sus pulmones y ni la linfa del sabio 
alemán, Dr. Koch, si entónces hubiera existía 

do, no ha Dna sido suficientemente poderosa 
para combatir el mal. 

Sus ú'tfrnos momentos fueron sumamente 



56 


LAURA Y CLOTILDE 


tristes. — Evocando su pasado, con las lágri- 
mas humedeciendo sus mejillas, se- mostró 
arrepentida de su. coquetisino y liviandad. - 
El nombre de Laura, — su amiga de la infan- 
cia, á quien á pesar de todo había perdido el 
aprecio que en otrora le profesara con excelsi' 
lud, — no lo olvidaba ni un instante. — Eneo 
mendóse le manifestara su cariñoso recuerdo 
y que al exhalar él postrimer suspiro tuviese 
para elia misericordia y perdón. 

— Muero deseando verla y contemplar su 
rostí o de serafín, decía, - pero no tengo dere • 
cho á pedida el tremendo sacrificio de que se 
acerque junto á mi lecho.— He sidodemasiado 
injusta, v la vida depravada que ha llevado y 
que me ha conducido, á la miserable condición 
en que me encuentro, me alejan de su presen* 
■cía como un espíritu infernal. — Ella es buena, 
honrada, modelo, en toda la acepción de esta 
palabra; sé que siempre me ha rniradocon con- 
miseración, lamentando en lo íntimo del aima 
mLestravíc, y me consuela, en medio mi dolor, 
el pensamiento de que ha de disculparme y has* 
fa llorar mi desaparición del mundo. 

¡Es la pobre tan buena! 

Absorta en esa preocupación se lo pasaba 
las horas enteras, sumiéndose en un paroxis- 
mo en que luchaba' entre la vida y la muerte. 

La ciencia de Hipócrates era impotente para 



IAÜRA Y CLOTU/DE • 57 


contener el vertiginoso progresa de su enler* 
inedad, y momentos más, momentos mónos, 
tenia que sucumbir irremisiblemente. 

Pronto pues, la muerte le sobrevino^ y .nadie 
derramó por ella una sola lágrima, ni depositó 
una flor sobre su lápida mortuoria. 

Sus padres, ignorantes y fatuos, creyendo 
que la riqueza es la sobera na, del ; inundo, ha- 
bían cava do la tumba de su hija, cortando las 
á 'a s de su risu eño po rveni r a 1 empega r á clarear' 
en el horizonte déla vida, . 

Podría decirse de ellos lo que dijo jesús La- 
za re no de sus verdugos: 

Perdónalos, Señor, qpe no saben lo que 
hacen! , 

Después que el mal ya no tenia remedio .fue- 
ron las aflicciones y los remordimientos; pero 
la catástrofe se hacía inevitable: ja vacunal to- 
do lo corrumpe, y si q ueda, un átomo de pudor, 
no le libra de la vergüenza pública . 

Ya en vida habia muerió para, el, inundo, aun 
mismo para sus propios progenitores, pues 
estos desde que Clotilde huyó del hogar do- 
méstico é hizo vidacomu,n con Jorge, ántes de 
juntarse con Isaac., no se acordaban de ella si- 
no para maldecirla. 

Abochornados de su conducta, se alejaron 
de ’a villa de X' • • , v: no obstante su amor Ira- 



58 LAUKÁ.Y 'CLOTÍLDE 


cerca de un año después de acaecid a leyendo 
un periódico viejo que por casualidad cavó en 
sus manos, envolviendo varios artículos de una 
casado comercio que lo había comprado por 
arrobas 

•Cuántas Clotildes no existen en el mundo: 
tinas por inclinación propia al mal y otras por 
abandono criminal de sus padres! * 

■La educación racional y el buen ejemplo soii 
los mejores antídotos contra la li viandad y ¡a 
ignorancia. 

En el hogar y en la escuela es donde pueden 
adquirirse con mayor provecho que en ningu- 
na otra parte, porque el cultivo del corazón y la 
inlelijeucia son la base de las. buenas costum- 
bres y forman el carácter del individuo de 
cualquiera de los dos sexos. 

Esto no deben olvidarlo ni lus que constitu- 
yen una familia ni los encargados de difundir 
Jas luces del saber en el seno de la niñez edu- 
eanda. 

Hay que sembrar para recojer, y si se siem - 
bra mal, no pueden obtenerse opimos fru- 
tos. 



SEGUNDA PARTE 











SEGUNDA.. PARTE ; ■' 


r 

Hablemos ahora de Laura* 

¿Qué íué de ésta? 

¿Qué futuro te sonrió? 

Vamos á responder á estás pregüofas, satié* 
faciendo la legítima curiosidad del lector» 

Laura no habia cambiado en nada. Su cora- 
zón, siempre noble y generoso 1 , se hallaba dis 
puesto á la práctica del bien y de las grandes 
virtudes. 

‘Enemiga del fausto y de la coquetería, vivía 
con sus padres alejada de ese murmullo cíe pa * 
sionesque agostan cdh su atmósfera letal las 
más preciosas flores del alma. 



LAURA Y CL0T1LUK 

62 T 


Era una niña modelo, por cuja causa todos 
los de la villa la querían cada vez más. Y no es 
esto de admirarse. Ella, á más de ser bondado- 
sa y humilde, con su trabajo ayudaba á sus- 
progenitores á procurarse la subsistencia dia- 
ria. No obstante esto, pasaba una vida alegrcy 
llena de ventura, porque tenia tiempo para to- 
do. 

El estravío de su amiga de la infancia, la po- 
bre Clotilde,. como ella la llamaba, llenaba su> 
corazón de pesadurnbVe, pues el afecto que su- 
po inspirarle fué sincero y entrañable. 

Cuando tuvo noticia de su fallecimiento, á pe- 
sar de todo, derramó unalágrima á su recuerdo, 
quizás la única que fup vertida en homenaje 
á su memoria. 

Corazón noble y magnánimo no podia per- 
manecer insensible ante el negro fin de la que 
tantos momentos de íntimo placer la hizo dis- 
frutar en la aurora de la vida, cuando todo era 
inocencia, candor y bellas ilusiones. 

¿Qué habría dado por salvarla, apartando sus 
pasos de la senda del mal? Pero cuanto se for- 
jaba para hacerlo no pasaba de una utopía, 
porque no estaba en sus manos convencerla 
del error. —Ya la vanidad le había cegado v ef 
gusano roedor del vicio penetrado en sus en- 
trañas. 

Todo esto la servia, empero,- de emulación 
para no separarse jamás de las buenas máxi*- 



G3 


LAURA Y CLOT'ILÜR 


mas que en el hogar y en la escuela le habían 
sido incu'cadas por sus padres y maestra. 

Sus amistades honestas y distinguidas, que 
supo adquirir con su carácter adorable y en * 
cantador, eran para ella un consuelo y augu*. 
rábanle una dicha sin cuento, un lisonjero y fe" 
li /. porvenir. . 

Muchos jóvenes de las principales familias 
habían simpatizado con Laura, no obstante su 
modestia y retracción de concurrir á los paseos 
y soirées, é que era invitada con frecuencia, 
pues si antes so la escluía, cuando eia aun muy 
niña y poco conocida y apreciada, á la edad de 
18 años se la empezó á mirar cón suma distin- 
ción. 

El fin de su compañera de estudios, la con- 
ducta nada sensata de los progenitores de ésta 
y sus correctos procederes, hicieron disipar 
toda mala atmósfera; y léj s de ser tenida en’ 
poco, conloantes, era la primera de que se 
acoi-daban las comisiones' invitadadoras para 
los festivales de la highlife social. 

Un dia el padre de Laura, teniendo que ir 
por ciertos asuntos á un puebiito vecino, la lle- 
vó consigo á visitar sus viejas relaciones, de 
las que le separaba hacia va algunos años, 
[<ues ruidosos acontecimientos políticos, le arro 4 
jaron de sus playas sin piedad. 

Laura conoció entóneos á un jó ven, que ten- 



64 


LAU R A Y CLOTI LDIÍ 


driaá la sazón 15 años de edad, «contando ella 
en esa fecha apéoas unos 12. -Era muy niña 
para que sintiera arder, en su corazón la divina 
llama del amor. — Sin embargo, sintió nacer 
en el fondo de su alma una honda y dulce sim- 
patía por aquél, llevando de él los más gratos 
recuerdos. 

Y qué coincidencia! David, - que así se 11a.- 
maba.su ¿ímiguito,— ^también espeYunentó por 
Laura la misma sensación. — Padecía que el 
destino ios hubiera tocado el corazón con la va» 
ra tnágica del presentimiento, adelantándose á 
un futuro .todavía lejano. 

Ocho años después, volvieron ave r se , y. e n - 
tónces,do que fué una fugaz ilusión de la ni - 
ñez se, convirtió en ,una realidad. - Aquellos 
corazones infantiles,, que latían á impulsos de 
una inocente y oculta simoatia, . sin soñar si- 
quiera en echar h« indas raíces y transformar- 
se, se hablaron con el lenguaje elocuente de un 
afecto tierno y profundo, jurando unirse para 
siempre ante sí y la sociedad. 

Laura se sintió feliz al verse amada con una 
pasión tan pura é intensa, y aguardaba con ín- 
timo regocijo el día en que su sér púdica eon- 
fundirse con el de David. 

'^^ntregáda atan risueña esperanza, el arpón 
del dolor vino un día á enturbiar el diáfano cíe 
jo de su felicidad. ' * 

David era un joven de ideas avanzadas, de 



LAURA Y CLOTILDE ’ 


65 


carácter enérgico é independiente, que vivia.de 
§u trabajo personal, desligado de la atmósfera 
deletérea que muchas veces corrompe los co- 
razones más puros ed las esferas del poder.— 
El lábaro de sus actos no era el estómago, co- 
mo diría el I)r . Angel Floro Costa, sino su 
conciencia honrada. 

En sus momentos de ocio se ocupaba enes.<* 
cribir algunas cuartillas de papel y darlas k ja. 
prensa, y el periodismo le ofrecía la ocasión de 
combatiré! vicio y la injusticia, colocando por 
encima de ellos la virtud y el patriotismo; por- 
que la prensa, según ha dicho con verdad un 
constitucionalista moderno, es una salvaguar- 
dia de los derechos y libertades, y tal vez la 
más efectiva y poderosa en un pais democráti- 
co, cuquees necesario que los que ejercen el 
poder se capten la benevolencia de! pueblo, *y 
no incurran en su desagrado, para que sigan 
mereciendo, su confianza, y es el medio de 
ilustrar al pueblo sobre ésto.é inducirlo á apro- 
bar ó condenar la conducta de los que gobier- 
nan. 

El oscuro personaje que ejercía el mando 
por entónces en la "illa de X**- era dueño de 
vinas y haciendas, y por poco no ponía moños, 
pegados con brea, á las niñas y matronas, co- 
mo se hacia en Buenos Aires durante el predo- 
minio absoluto y despótico de Rosas. 



66 


LAURA Y CLOTILDE 


David denunció más de un atentado, bajo su 
responsabilidad,— pues no temía afrontarlas 
iras del sátrapa,— y esto le dolía al mandarín 
aludido, pues quería hacer délas suyas sin que 
la fusta de los hombres de bien le zarandease 
como se merecía. 

Entr e otros atropellos que toleró y autorizó 
con la'impunidad, se hallaba el cometido coa 
úna familia muy conocida en la villa, v como 
nadie censurase públicamente ese hecho infa- 
me, lo hizo David, aunque sin que su nombre 
figúrala al pié de la publicación, empero haber- 
la garantido -para el caso que fuera necesario 
hacerse solidario ¡de ella. 

Ya por presunción, ya por haberlo revelado, 
por pusilanimidad, el gerente del diario, es lo 
cierto que se supo quién era el autor de aquel 
valiente escrito y se hacia preciso castigar tal 
osadía, pues la consigna era: No toquéis á la 
reina. . 

¿De qué valerse para ello? ¿Mandarla redu- 
cir á prisión sin más ni más, portal delito, sin 
prévia acusación y condena de las autoridades 
civiles competentes ó del jurado popular? 

Como cualquier tentativa al respecto no ha- 
bría producido los resultados que deseara, cre- 
yó más conducente fraguar una de las tantas 
mentiras de que se valia para dar cierto barniz 
do legalidad á sus actos vandálicos, propios de 
su carácter virulento y espíritu maligno.— Al 



LAURA Y CLOTILDE 


67 


efecto mandó aprehenderle, después de ora- 
ción, y cuando se hallaba muy tranquilo, sn 
imaginarse tal cosa, en casa de su adobada 
Laura, no logrando, sin embargo, su propósi- 
to, pues á sus esbirros é instrumentos, como 
carecían de dignidad y de civismo también les 
faltó el valor bastante para afrontar con entere - 
za la temeridad dé sus acciones repudia- 
bles unte la actitud resueda de su anhelada pre- 
sa. 

Laura, -que fue testigo de aquel atropello 
inaudito, —viendo asaltado su hogar poruña 
turba de séres inconcientes, que obedecían á 
las inspiraciones de su amo, á la par de David, 
sintió arder en su corazón el luego de la rabia, 
é increpando duramente el proceder del jefe de 
la partida, le enseñó la puerta de la calle, — y 
corno permaneciera impertérrito, aguardando 
la respuesta de un mensaje que acababa de en- 
viar á su instigador, cojióle fuertemente de un 
brazo, y le d 'j« : . , 

-Gente de su talla moral está de mas 
aquí. 

El aludido, mirando el sexo ,dequien así lo 
trataba, pretendió á su vez tomarla del brazo y 
arrojarla en tierra . 

Antes que pudiera asirla, levantando la dies* 
tra, Laura le aplicó un boíeton, que le dejó des- 
concertado. 

Habría quizás vuelto sobre Laura; pero no 



G8 LAURA Y CLOTILDE 


se atrevió y tuvo que retroceder y tomar las de 
Villadiego, en vista de la actitud quedemostró 
David, pues echando mano á'su revólver ibaá 
levantarle de un tiro la tapa dt los sesos por 
cobarde y audaz. 

Laura pasólo preocupada toda la noche, -y 
temerosa de algún nuevo atropello amano ar- 
mada, sé asiló en casa de una familia amiga, 
donde fué. rodeada de.toda clase de atenciones 
y garantías. 

David no quiso abandonarla, y también se 
alojó allí, mas que por temor propio, por la 
suerte que pudiera correrle á su prometida. 

La vida de ésta erá para él más estimada que 
Ja suya. 

III 

¿Qué ocurrió des,pues de la violenta escena 
que dejamos narrada en el capítulo II? 

Nada, puede, decirse, pues el delito es cobar- 
de, y al siguiente día del atropello mencionado 
se dió como descargo de conciencia la disculpa 
de que todo habia sido hijo de un lamentable 
error.— Que la superioridad ordenó la prisión 
de un jóven cuyas* señas coincidían con las de 
David, por considerársele complicado en 
un movimiento subversivo próximo á esta- 
llar. 

La arbitrariedad fué, por lo tanto, cubierta 



LAURA Y CL’OTII.Dlí 


. • 69 

con la má^grosera farsa.— No habían tales ni- 
ños muertos, es decir, ño existía semejante 
mandato ni tampoco la más remota idea de 
conmover Ja paz varsoviana que reinaba bajo 
la presión de la barbarie y el pillaje enseñorea- 
dos en las alturas del poder. 

David, que Ja noche del trágico suceso en 
casa de Laura, había recien declarado á ésta la 
ardiente pasión que por ella sintiera, — pues 
hasta entonces la visitaba únicamente con ca- 
rácter amistosov desinteresado, — aprovechan- 
do la circunstancia de no poder entregarse al 
sueño, á causa de la iñcerttidumbre ó intranqui- 
lidad de ánimo en que pasóla, arrancó á su lira 
las estrofas siguiente? que condensaban su pa- 
sión y sentimientos: . 

A LAURA 

La raquítica chusma envilecida, 

Que se arrastra á las plantas del poder. 

De tus ojos; espejo de inocencia, 

Una lágrima amarga hizo verter. 

Y yo estaba á tu lado en ese instante 

Y no pude calmar tu sinsabor: 

El destino fatal que me persigue 
Te robaba la paz del corazón. 

Pero en cambio dé tanta desventura 



70 


LAURA Y CLOTILDE 


Pude al menos brindarte aqueste amor. 

Que es bien poco, en verdad, porque tú vales 
Un tesoro sin par,— no mi pasión. 

9 

Mezclóse mi placer y mi martirio 

Y sentíme do dicha conmover: 

Qu'e esanoche se unieron nuestras almas. 
Confundiendo en un solo nuestro sér. 

Ojalá que ese.cielo de bonanza 
Que pudimos dichosos vislumbrar 
No ilumine el zenit de nuestra vida 
Cual fugace meteoro al «irradiar: 

Que si pierdo tu amor y tu cariño, 

Mi dicha tornaráse en padecer, 

Y hallaré por corona á mi martirio 
Una tumba y un fúnebre cipré! 

Estas patrióticas y apasionadas estrofas, da- 
das á luz, aunque anónimas, causaron el más 
pésimo efecto en el ánima del cacique de la vi- 
lla. Su indignación llegó al colmo y David se 
vió en el forzoso casó de abandonar el país, te- 
meroso de que se le asesinase villanamente, 
pues cual la sombra del lego de Los Madgycr 
res se le seguían los pasos por todas partes, 
con riguroso sigilo. 

Más que por sí mismo, por la tranquilidad 
de su familia y de Laura, tuvo el sentimiento 



LAURA Y CLOTILDE 


71 


de recurrirá la proscripción. — Sierro lo hace, 
el puñal de algún malvado habríule* partido el 
corazón. 

Su pmnera carta fue para ella, y se hallajba.'' 
concebida en estos términos: 

Querida Laura: ,* 

No puedes i maj i liarte cuánto estrello á nues- 
tro querido pedazo de tierra. Si no dejqra eii 
ella lo que más atesoro y apetezco, que eres 
tú, después de mi patria, me reifía del do- 
lor. ■ * 

No importa, sin embargo, pues me sonríe la 
esperanza de que en dia no lejano ha de cam- 
biar nuestro porvenir. 

No serán los Aldas de nuestras libertades 
quienes logren hundirnos en la desesperación y 
la miseria, abrigando, como abrigamos en 
nuestra alma, una 16 . ardiente é inquebranta- 
ble. 

Tú debes ser fuerte, aún mismo^que una ca- 
dena'de infortunios torture sin piedad tu cora- 
zón. Yo también lo seré, y estas rudas leccio- 
nes de «a espeiiencia me seián aítamiente salu- 
clábles. , 

Tu carta ha s¡do para mí un bálsamo que ha 
vpnido á cicatrizar las heridas del alma. 

Una carta es un tesoro inestimable para dos 
séres queentrañablcmenle se aman . En cada 
palabra, en cada frase, el alma vierte el senti- 
miento cual la sangre de una herida, pero en 



72 


LAURA Y CLOTILDE 


vez ele arrebatarla, dilata la existencia. 

Elcorazon es un manantial fecundo donde 
brota savia vivificadora cuando late confundi- 
do con otro que alimenta iguales emociones. 

Veo con placer que el tuyo encarna esa noble 
cualidad y que en tus misivas esparces 'al aro- 
ma moral de tu ternura. 

¡Dichosa de tí, que tienes el privilegio de 
trásririitir en el molde de la palabra escrita 
lampos luminosos de tus ideas y sentimien- 
tos! 

Yo me siento pesadumbroso al leerlas; pero 
©sa tristeza me consuela, por que emana de tí. 
Si me embargara la pesadumbre que mata, 
entonces subiría horriblemente, porque una 
mano infame y aleve habría-descargado su gol-- 
pe sobre mí. 

Tú no; tú no puedes herirme con tu lengua- 
je: éresun foco de vida, un torrente de esquisi- 
ta sensibilidad, que realza y fortalece ei espíritu- 
Lo qué lamento, ciertamente, es que yo sea la 
causa de que tus párpados se inunden de llan- 
to. Sé fuerte, imita á tus congéneres de otros 
tiempos, que supieron alimentar en su pecho el 
sacro fuego del . patriotismo y retemplar el al- 
ma de los que lucharon por legar á la patria 
dias de honor y de gloria. 

Esa tierra clásica del heroísmo, donde en 
hora no lejana luchóse con la serenidad de los 
estoicos y el valor de los espartanos, debe ins- 



LAURA Y CLOTILDE 


73 


pirarte á soportar con resignación y noble or- 
gullo el peso de la fatalidad. 

Tú eres fundida en el molda do las heroínas 
griegas, y te hallas habituada á estas pasajeras 
tormentas de la vida. 

Más de una vez la cuna en que se mecieron 
•tus primerps años y cuando Iqs arrulles ma* 
ternales halagaban tu inocencia, habr^ sedo 
regada con el ílant^y una lágrima humedecido 
tu rostro angelical. 

Ambos hemos nacido bajo un cielo de bo* 
rrasca y visto agitarse sobre nuestras cabezas 
el huraean de las pas’ones que desdé la emañ • 
ipacion política ha azotado losdestinoa nació* 
cnales y diezmado nuestras fértiles campiñas y 
florecientes ciudades. 

Ten pues, .resignación. Na importa que el 
tiempo y ia distancia separen nuestro sér ma- 
terial, nuestro yo físico, si nos ligan lazos es- 
trechos é inquebrantables. si nuestro yo moral 
y psicológico nos une y alienta. 

Tuyo siempre— 

David. 

Laura, profundamente emocionada, respon- 
dió en estos términos: 

Mi querido David; 

Cuán feliz me siento al considerar queme 
ama un ser de tu corazón y relevantes cuali- 
dades morales. 

Tu sensata y cariñosa carta nos ha hecho 



74 


LAURA Y CLOTILDE 


llorar á todos de alegría, y apreciamos en lo 
que vale tu reconocido civismo . 

Sí todos te imitasen, la Patria no se viera al 
borde de un precipicio, ni la mano del despo- 
tismo pesaría cual plancha de hierro sobre sus 
destinos. 

Si el amor ennoblece y levanta .el espíritu, 
el patriotismo no engrandece méuos-, porque 
es la base de la felicidad de los pueblos. 

Consérvate siempre así, vwe tranquilo,— si 
es que la tranquilidad no es incompatible vi- 
viendo léjos de la tierra natal y de los seres que 
¿se aman, — y confía en ¡a fidelidad y torlaleza de 
ánimo de tu inolvidable— 

Laura. 

IV 

David,— de naturaleza ardorosa,— no podiá 
vivir sin preocuparse sénamente de las cosas 
de su Patria, y fundó un diario, denominado 
«La Libertad», en cuyas columnas fustigó sin 
compasión á los que la vejaban de una manera 
tan indecorosa. 

El apostolado del periodismo se habia hecho 
carne en su espíritu vehemente, y el ostracis- 
mo á que le condenara el huracán de la políti * 
ca, hizo de él un soldado activo y valeroso de 
la causa del pueblo. 

Comprendía que la prensa libre es el pala- 
dión de las libertades públicas, y como dice 



LAURA Y CLOTILDE 


75 


Grimke; uno de los representantes del pue- 
blo. • , 

Por consiguiente, aunque desde el estranje- 
ro, quería contribuir con el concurso de su pa* 
labra honrada á derribar la tiranía de su trono, 
efímero. 

«La Libertad» alcanzó pues, un éxito ruido- 
so, y como «.El Nacional» de Buenos Aires, en 
los primeros tiempos en que la redactó el inol- 
vidable palad-in del periodismo, Dr. Juan Car- 
los Gómez, — era aguardada con ansiedad en 
todos los hogares, y sus vendedores se veían 
asediados por todas partes, no dando abasto a 
la demanda de los numerosos ejemplares que 
se les solicitaba. 

El verdugode su país no pudo soportar im- 
pasible, durante mucho tiempo, y resolvió; qui- 
tar del medio al patriotaataláya de los derechos 
y libertades públicas, porque el despotismo es 
el peor enemigo del pensamiento libre y de la 
luz. 

No le faltaban secuaces de alma atravesada, 
y elijíó ú uno de ellos para encomendarle la 
tarea de asesinar traidoramente á David. 

El oro tiene mágico poder para tos corazones 
perversos, y esta vez halló éco en uno- de los 
que se arrastraban cual reptil á las plantas del 
inicuo gobernante. 

Una noche oscura, en que «asi ni las manos 



76 


LAURA Y CLOTILDE 


se veían, -tal era la lobreguez que reinaba,— 
David iba de regreso á su morada, cuando al' 
doblar una esquina se apercibe, en medio la 
penumbra, de que había un hombre agazapado, 
como quien procura descubrir alguna cosa sin 
ser visto ni sentido. 

Echando mano ai revólver bulldog que lleva- 
ba y antes que pudiera ser acometido, dirijién- 
dosqal oculto personaje, dijo en alta voz: 

— Abreme paso, ó mueres. 

El desconocido, al verse descubierto, huyó á 
todo escape, sin articular ni una palabra. 

David pensó hacerse fuego y correr tras el 
fugitivo, pero desistió de su propósito, ya pol- 
lo tenebroso de la noche, ya por temor de que 
se le hubiera tendido alguna celada, y el estra- 
do personaje de la refereocia tuviese á corta 
distancia algunos compañeros que pudieran, 
auxiliarle. 

No le dejó de llamar la atención tan insólito 
suceso, y sirvióle de elocuente prevención para 
no vivir descuidado como hasta entonces.-- 
Sin embargo, no quiso revelar a nadie lo que 
le había pasado, y ménos aun á la autoridad 
policial respectiva, pues si hacia público dicho 
suceso, quizás más tarde no fuera dado atra’ 
par al incógniio sujeto, si es que sus intencio- 
nes eran asesinarle. 

Este hecho no por. eso leí-ntimidó. 

David siempre recorría la ciudad, sólo, sin- 



77 ' 


LAURA Y CLOTILDE 



mas compañía que su referida arma y su valor 
personal, reconocido y nunca puesto en du- 
da. 

Sus amigos, presintiendo un mal finase afa- 
naban por acompañarle em sus escursiones 1 
nocturnas, pero siempre les respondía: 

—No tengo por qué abrigar miedo. 

Por otra parte, si algún malvado tuviese el 
propósito de salirme al encuentro-, viéndome 1 
en unión de otrosse abstendría, y creyéndome 
pusilánime aprovecharía encontrarme solo pa- 
ra hacerlo 

El delito es cobarde, y nadie ha de atreverse 
áesponer su vida por arrebatar la mía, 

David no dejaba de tener razón, pues mu- 
chas veces se asalta por la calle á úna perso- 
na, cuándo ésta demuestra algún temor; pero 
cuando revela entereza de espíritu, sucede lo 
contrario: léjós de asaltársele seje teme y res- 
peta. 

Sabia esto por esperiencia, pues más de un 
perdona y quita vidas, ante su inquebrantable 
carácter no se atrevió á ponérsele de frente, 
aun cuando á espaldas suyas hiciera y deshi- 
ciera sin fin de maléficos proyectos. 

Un personaje polúico, por ejemplo, que te- 
nía fama de valiente y audaz, tuvo con él un 
incidente judicial, con motivq dé haberle acu- 
sado un artículo que contenía abrumadores^ 



78 


LAURA Y CLOTILDE 


cargos, v no obstanteamenazarle á muerte con 
cualquiera que hablara á su respecto, siempre 
que le veía calmaba sus bríos, no atreviéndose 
ásalirle al encuentro. 

Por el contrario, si David iba por la misma: 
vereda, sobre todo detrás de él,' tomaba en el 
acto, la de enfrente, sin duda temeroso de algu- 
na provocación. 

V 

l 

David, desdé el i ncidente referido, se previno 
más que de costumbre, dispuesto ; á todo: á 
matar ó á morirsise ie intentaba asesinar. 

Recibió varios anónimos, unos advirtiéndole 
que se atentaba contra su vida, y que, por con- 
siguiente, era preciso que anduviese, alerta, y 
otros, amenazándole, con el puñal si continua* 
ba combatiendo en las columnas de «La Li- 
bertad» á las malas autoridades de su Patria. 

David se sentía más enardecido con seme* 
jantes avisos y cada dia fustigaba con mayor 
ardor á los sátrapas de su desgraciado país. 

Sus pasos eran espiados, y su vida hallába- 
se pues, en inminente peligro, pero su ánimo 
en lugar de decaer se agigantaba, pues en los 
momentos de prueba es cuando crece el valor, 
de los hombres de temple. 

De su Patria y del sue'o hospitalario en que 
vivía mereció el aplauso de los hombres de 
bien, sin distinción de nacionalidades ni de 



LAURA Y CLOTILDE 


79 


opiniones políticas, pues se trataba de una 
causa común. 

Uno de los hombres más inteligentes de su 
época, á quien habia enviado un número de su 
publicación, le exhortó en los siguientes alen- 
tadores y elocuentes términos: 

Muy Sr, mió: 

He recibido el primer numero de « La Liber- 
tad», que ha tenido vd. la amabilidad de enviar- 
me. 

Quedo íntimamente agradecido por este ac- 
to de deferencia de su parte; tanto más espontá- 
neo y sincero, cuanto que con vd. solo nos co- 
nocemos por habernos encontrado alguna vez, 
asociando nuestros nombres y nuestros esfuer- 
zos á los de otros obreros del. pensamigp^g,. 
empeñados en ensanchar los horizonte^qi^ 
abarca la intelijencia humana. 

Sin conocerá los fundadores de ese periódi- 
co, me figuro que son todos ellos jóvenes que 
ensayan sus fuerzas en el terreno de la Ciencia, 
como esas aves de brillante plumaje que sacu- 
den sus doradas alas para lanzarse : á recorrer 
los campos desconocidos del espacio. 

Magnifico espectáculo y saludable ejemplo. 
— Una juventud que así empléa su tiempo es 
una falanje de héroes que so prepara para las 
luchas del tuturo, llevando en sus trentes el 
rayo de luz dé las ideas, que alumbra á los 
pueblos el camino deí por venir l 



"80 LAURA Y CLOTILDE 


Los que tal hacen, tienen derecho ai titulo de 
patriotas. — Poco imparta que no hayan empu«* 
Hado nunca un sable para derramar sangre de 
hermanos, en esos dias luctuosos y aciagos, 
cuando el cañón de la guerra civil retumba por 
los boques desiertos y poi las campiñas flori- 
das de nuestros países. 

Esos son soldado^íque sin mas armas que la 
palabra escrita ó hablada, saben producir re- 
voluciones y ganar batallas, pero fecundas en 
beneficios para la patria y para la humanidad 
en general. 

A esos soldados les está encomendada lata- 
rea difícil pero grandiosa de realizar un ideal 
que la humanidad persigue con afan constante 
desdó las edades más remotas: someter el po- 
der de la fuerza material al májico poder de la 
inlelijencia. 

Para eso tienen que servirse de ése vehículo 
conductor délas ideas que se llam.a la prensa; 
hermosa máquina que posée la virtud inapre- 
ciable de dar formas plásticas al pensamiento; 
brillante invención del injénio perseguida por 
los déspotas y combatida por los partidarios 
del oscurantismo. 

Ella ha sido y será siempre una aliada natu- 
ral de la libertad del pensamiento; de esa liber- 
tad condenada por el St/llabus hoy, como lo 
fué ayer por las supersticiones y el error, y 
como lo será siempre por los dogmas de féque 



LAURA Y CLOTILDE 


81 


¡os hombres sancionan,— dogmas que. están 
perfectamente en acecho contra la razón para 
ahogarla, corno monstruos de intenciones avie* 
•sas, apostados en fas sendas oscuras, de la 
conciencia humana. 

Leibnitz decía que los que tienen á"su cargó 
da enseñanza pueden cambiar la faz del mundo; 
y y° cre ° que aplicando á este tópico las paja > 
"brasde aquel gran íilósofofqDodernos decir muy 
propiamente: «los que sepan cumplir el noble 
apostolado de la prensa, pueden cambiar la 
faz de nuestras sociedades . » 

Pero necesito terminar esta carta, pues estas 
'degresiones me lleva rían demasiado lejos. 

Deseca vd. el mejor acierto en sus trabajes, 
y me suscribo, su servidor y amigo— 

» T J.' JL. M. 

Una noche, en momentos que se disponía á 
colocarla flave en el picaporte de la puerta de 
-calle, el ruido casi imperceptible de unos pasos 
precipitados hizo á David volver ia vista 
hacia atrás.y ántes que p.udiera'hacerlo del to* 
ao, ei cañón de una pistola amenazaba herirle 
por la espalda. 

—Miserable! prorumpió David. —A. los hom- 
bres no se les hiere sino de frente. 

El asaltante apretó el gatillo, pero el arma 
erro fuego. • 

No por esto se desconcertó, y echó mano k 
^•cintura, con el propósito de acometerte coa 



#2 'LAURA Y "CLOTI LDE 


ei puñal que llevaba. 

David, rápido como un r ayo, apeló á su re- 
vólver, rnarlillólo en un segundo y descerra- 
jóle un. tiro con tan buen acierto que una de las 
balas de 12 milímetros que contenía le atrave- 
só el corazón, hiriéndole mortalmente.. 

Al.oír el disparo y creyendo le hubiera pasa 
do algo grave al valeroso periodista proscrip 
tó,' acudieron varios de sus amigos de la ve 
cindad á yer lo que acontecía. 

Enterados de ello y en unión de David se 
apersonaron á la oiicina policial más inmedia- 
ta á dar cuenta de lo que acababa de pasar. 

El, cadáver del infeliz mercenarioJué recojí* 
do por la autoridad y velado esa noche. - -A? 
‘Siguiente dia se le condujo á ia necrópolis y st 
le dió sepultura. 

David lamentaba que hubiera sido un maní* 
quí el que provocó su ira y su defensa, y nó su 
ruin instigador. 

Detenido en la policía, hasta entrar en la in - 
vestigaciones pertinentes, fué puesto en liber- 
tad esa misma noche bajo fianza de uno de sus 
acompañantes, que era persona abonada y 
respetabilísima; pero bajo la condición de pa- 
sar los antecedentes á la superioridad y al 
Juzgado correccional á fin de proceder de una 
manera más completa á la instauración del 
sumario respectivo. 

En amo de lo& bolsillos del muerto se encon-’ 



LAURA Y CLOTILDE 


83 


tró un papel en que se apuntaban las §eñas de 
David. 

Sin duda no le conocía personalmente, y pq* 
ra no sufrir una lamentable equivocación fe 
habían especificado minuciosamente su fisono* 
mía y modo de vestir. 

Si el inolvidable D. Florencio Varela hubiese 
ddo tan esperto como nuestro joven héroe, las 
etras del Plata no habrían tenido que -lamen-, 
ar su prematura" muerte,. y el tirano de Buenos 
Aires, Jéjos de regocijarse, con satánica son- 
risa, hubiera sentido sobre sus espaldas hasta 
su ruidosa caída, después de' Monte Caseros, 
elehasquido del látigo con que le azota bit con 
patriotismo y talento desde la excelsa y temi- 
da tribuna de la j^ensa. 


Los periódicos dieron la noticia de íá tenta- 
tiva de homicidio en la persona de David y del 
trájico lin que tuvo su cuasi asesino. 

Laura y su familia se alarmaron, y con so- 
brado fundamento . —.Veían que su vida pendía 
en un hilo* y no era posible que ante la mag- 
nitud de tal peligro permaneciesen tranqui- 
las. 

Sus padres le escribieron repetidas cartas 
exhortándole á clausurar «La Libertad», pero; 
David se amostraba inexpugnable. 



LAURA Y .CLOTILDE' * 


84 , • 


—¿Cómo puedo. acceder á semeja n te pedido, 
— les contestaba,— si mi actitud me colocaría 
en la picotada! ridículo, haciéndome ¡jasar por 
cobarde ante la opinión pública, y lo que es - 
peor, en ; e! concepto de mis adversarios?... 

Sin embargo, se decidió á matar su querido 
diario, por no tener por más tiempo en cuntir 
nuo sobresalto á lo.s autores de sus dias, ya. 
entrados, en años, y á quien, es amaba con lo- 
cura,— y asi lo hizo después que hubo termi- 
nado el proceso que se le instruyó por la muer- 
te de su asaltante. 

El. -.fallo 'de la justicia le absolvió de culpa y 
pena, declarando que había procedido en uso 
del legítimo derecho de defensa. 

Laura también le habia supinado por su ca-' 
ríñoy porvenir no siguieraesponiendp.su vida^ 
tan estérilmente, y¿ ante .tales súplicas no era^ 
posible resistir por más tiempo. 

*-Si no me quieres ni nunca me has queri- 
do, es otra cosa. germinaba diciendo en 

una de sus úliimasy sentimentales misivas. 

David,— que sin ser. poeta ni darse ínfulas de 
tal, — trépaba de vez en cuando Jas cumbres, 
de Parnaso, respondió á su amada con los si- 
guientes versos: 

A LAURA 

No debes de dudar del tierno aféelo 
Que traduzco, mi bien,. conda palabra.: , 



L'A'URA. Y CLOTILDE: 85* 


Que no miente la voz dé la conciencia, 

*Ni el ténue resplandor de mi mirada: 

Lo que siento en ePfóodo de mi pecho 
No es un sueño falaz querni alma halaga: „ 

Ese! mundo interior del sentimiento 
Que siempre al soplo de-tu amor se inflama;. . 

Mi amor no es terrenal sino del cielo, 

Y es'tan puro cuál plácida esperanza; 

Pues me creo habitando un paraíso 
Al sólo recordarque eres mi amada. 

Y ojalóse conserve eternamente 
Encendido en el templo de nuestra alma* 

El culto sacrosanto que-reanima 
De este amor divinal I-a intensa llama. 

.No te importen- del mundó los” halagos^ 

Ni el empuje fatal de la desgracia: 

Si hoy se cierne e<í tu ser* el' infortunio, 

Hade cambia-r tu porvenir mafiahá. 

No desmaye 1u espíritu, ángel mió,, 

Y eleva la cerviz con arrogancia: 

Desprecia los reveces del -destino, 

Que no debe caer un alma honrada.. 

Yo también he luchado cón la suerte:: 
vivo bajo -un cielo de bfmasca, 



98 


LAURA Y CLOTILDE 


*’e.ro siento mi espíritu gigante: - 
Nunca mi tierno corazón desmaya. 


Jamás ol huracán de las pasiones. 

Que tanto afligen á mi amada patria, 

Jamás me doblegó bajo Su peso, 

Y ante su empuje mi concienciase alza. 

Y hoy que un mundo vislumbro de placeres, 
Al través de un celaje de bonanza, 

No es posible, mi bien, que languidezca 

Y que sienta mi ser que se amilana. 

Hoy vivo con la vida del espíritu, 

Y tengo^ás valor, penque tú me amas: 

Imita mi entereza y mi conducta, 

Y desprecia él dolor que te taladra, 

No importa que la turba de asesinos 
Que deshonra y esquilma nuestra Patria, 
Quiera, torpe,, en su, loco desvaido 
Ahogar en nuestros labios la palabra 

Que dó existe el civismo inexpugnable. 
Jamás el corazón, jamás desmaya, 

Y el rudo batallar de la existencia 
Lójos de amilanar, levanta el alma! 

Vil 

David, contrariando su tendencia y vocación; 



LAURA Y CLOTILDE '87 


por el periodismo, — pues su espíritu batallador 
no podía acostumbrarse á permáneeér en la 
inacción, ni indiferente ante el maleo alije, -se 
dedicó á la carrera del comercio, haciéndose 
cargo del corretaje de una fuerte casa* de negov 
ció. 

Recorriendo los múltiples pueblos en que s 
mantenían relaciones comerciales y entregado 
por completo ai cumplimiento, de su deber, del 
que dependía su subsistencia y bienestar, no 
vivió más de la pólftica hasta pasados algunos 
años en que una administración honrada v de- 
cente subrogó, en un rapto de patriotismo, a la 
leonina v desquiciadora que por tanto tiempo 
habla hecho presa á la hermosa villa de X; * ’ , 
su tierra natal. 

Jóven de talento y honestidad recomenda- 
bles, fué recibido con los brazos, abiertos por 
sus antiguos amigos y por tudos , los .hombres 
de bien, llegando & ser el leader ó porta -estan- 
darte de la juventud de su generación 

Pronto se hizo camino, siéndole brindado? 
puestos de importancia en el seno del Gobier 
noy qpe rechazó por no avenirse á su dáráctb 
vivir de la empleomanía, máxime cuando en 
su coneepto habia en su Patria hombreé inás 
meritorios y mejor preparados que él para ocu- 
parlos con rectitud y brillo. ' 

Fundado en esos escrúpulos, 'Solo aceptó 
cargos honoríficos. 



£&> LAURA Y- CLOTILDE 


En todos ellos supo acreditarse, dejando ras- 
gos luminosos de so actividad, honradez y só- 
lidas luces. 

Laura vivía embelesada con la conducta y 
distinciones de que era objeto su prometido, y 
esperaba con ansiedad > indescriptible llegase 
el momento en que pudiera llamarse s su espo- 
sa. 

David, acreditado como se hadaba, y no ilu- 
tándole trabajo, puessu voluntad era dVlherjjít 
y ante ella nb existían imposibles, logró ase- 
gurarse un porvenir, y- vencidos los primeros 
obstáculos, sólo faltaba acordar' la fecha para 
realizar el anhelo de unirse para siempre con 
los jazos nupciales, 

Con regocijo general de la familia de ambos 
jóvenes -y de sus numerosas y excelentes rela- 
ciones, se acordó la boda para dentro de un 
breve lapso de tiempo. 

Hechos los preparativos, 1a- risueña ilusión 
de algunos años se troncó en una-hermosa rea- 
lidad: David y Laura confundieron su existen- 
cia en una sola al amparo de la ley civil. 

Esta boda fué de la más rumbosas habidas 
entónces,— un -verdadero acontecimiento so- 
cial, por más que los jóvenes esposos se es- 
forzaran en que revistiese la mayor modestia, 
en consonancia con su carácter adversóla la 
-vanidad^ el boato. 



Laura y Clotilde 


S9 


vm 

¿Qué porvenir sonrió á Laura y David? 

La felicidad fué con ellos i — Se amaban cort 
delirio, y el verdadero amor funde los corazo- 
nes en el crisol de la ventura. 

Su suerte no fuépües,un capricho del destino» 
ni duró lo que un lirio ó una sensitiva. $u espo- 
so,— como ío hemos dicho y se hábrá visto por 
sus obras,— era un joven de vastos conoci- 
mientos, de educación esmerada y de una con- 
ducta á toda prueba. Su familia pertenecía á 
una de las más distinguidas de una ciudad ve- 
cina, donde gozaba del aprecio general. 

Ella y él fueron el báculo y el sosten de sus an • 
cíanos padres. No les animaba ja soberbia ni la 
vanidad; eran poseedores de un caudal de le- 
vantados sentimientos; no llegaban hasta su 
corazón la-s miserias del mundo, y esto consti- 
tuía para ellos la más grande de las felicida-» 
des. / 

Sus almas se hallaban vinculadas por estre- 
chos lazos de amor, y el acendrado cariño es 
el substentáculo en que descansa el porvenir 
del matrimonio. 

David, en sus íntimos años, llegó á la pri- 
mera magistratura de su país, poniendo en 
práctica en el pináculo del poder las ideas 
que habia profesado y defendido á costa de su 



VO LAURA Y CLOTILDE 


vida en la llanura, confundido con el pueblo, 
á quien nunca deben olvidar ni menos oprimid 
los buenos gober nantes. 

Esto no le hizo cambiar de carácter, pues, — 
moderno Washington., —al dejar el supremo 
mándo, se entregó de nuevo á sus tareas habi- 
tuales, acompañado de la bendición de sus 
conciudadanos. 

Bra uh hombre perfecto: un caballero en to- 
da la estension de la palabra, un patriota y 
un esposo modelo. 

Sus hijos tenían en él un espejo en que mi- 
rarse. 

Educados en su escuelamo es dudoso el por- 
venir que tes esperara. 

* Laura había visto coronado Su santo anhelo 
de unirse á un hombre digno de ella, y ambos 
ser útiles á la sociedad, á la Patria y á la numa- 
nídad. 

Temía que pudiera ser cierta la sentencia del 
pensador: el matrimonio sin hijos es la tumba 
del amor, pero su dicha fué completa, porqué, 
como queda dicho, tuvieron sucesores,. 

La perseverancia en la práctica del bien no 
es estériL 

Verá pues, el lector, que todo lo que Clotilde 
fué de desgraciada, Laura ló fué de feliz. 

Si abundasen lás Lauras, la humanidad fue- 
ra otra, y no habrían tantas miserias y división 
ríes sociales. „ 



Una Historia como muchas 




JUICIOS A SU RESPECTO, 




Ulá HISTORIA GOMO MUCHAS 


Juicios á su respecto 


Con una dedicatoria, que agradecemos he- 
mos recibido un ejemplar dé UnaHístoria co • 
mo muchas , boceto de novela que se debe á la 
pluma de nuestro particular amigo Setgmbrino 
E. Pereda, escritor nacional, que rio es la pri- 
mera vez que aborda con éxito los .dominios de 
la literatura. 

Una Historia como muchas ha sido escrita 
como quien dice al correr de la pluma, sacada 
sin plan preconcebido! dice modestamente sü 
autor. 

Sin embargo, no lo creemos así nosotros. 

Su autor se ha ajustado á las reglas del arte, 
y lá trama de su novela si bien es sencilla, en 
cambio uo se reciente en nada del objetivo ca- 
pital. 

Esa noyda .es dedicada por su autor á su$ 
padres. 



IV 


El señor don Setembrino E. Pereda, director 
de nuestro estimado colega sanducero Er, Pay- 
sandú, nos ha obsequiado con un ejemplar de 
la interesante novela, fruto desú aventajada 
pluma, «Una historia como muchas». 

La obra del señor Pereda es una noveiita 
sencilla, breve, casi un opúsculo, con un agra* 
dable sabor literario y de un argumento impre* 
sionable y de mucho ajaste que revela al escri- 
tor pensador y de corazón. 

Pereda, hace tiempo tiene bien sentada sú 
reputación de buen escritor, alcanzada á costa 
de m uc h o es ludio y persevera nc i a . 

Nosotros le conocemos y somos los prime- 
ros, en apreciar el mérito que en la forma y en 
el fondo caracteriza á sus escritos, que se seña- 
lan también como un estilista castizo y correc- 
to. 

Agradecemos al colega saoducero la digtin 1 
c’ion que le hemos merecido. 

Ecos del Progreso , 
Salto. Febrero 13 de 1891. 

; Paysá nrl ú , Pebre ro 15 del 891 . 

Sr. Setembrino E. Pereda. 

Presente. 

Al agradecer de; corazón el delicado obsequió 
de ésa hija de su espíritu, «Una historia como 
muchas», envío á .vd. una felici 'ación sincera 
por el elevado fin que en ella persigue. 



V 


Al pasar la última hoja tle su li.bro no so 
siente ese cansancio* ese vacio cjue dejan en el 
almaias historias inverosímiles; la laxitud ino' 
jal. desaparece ante el antagonismo del bien 
y el mal caracterizados en los dos personajes 
de su libro; el triunfo de la virtucF sobre todas 
las pasiones humanas, y el bien moral de¡ re * 
liéve, son tos puntos culminantes de la obra 
con que vd. me ha favorecido. 

Le saluda alte— 

, « Josefa B. de Debatí. . 


'Paraná, Febrero 16 de 1891. 

Sr D. Setembrino E. Pereda. 

. Mi apreciable amigo: 

Recibí su obrita titulada «Una historia como 
muchas», y <anto yo corno mis hermanas 
agradecemos el acuerdo. 

Siempre leemos con gusto lo que sale de su 
bien cortada pluma, y tan acostumbrados es-: 
tamos á su estilo, que es difícil/ aunque usted 
oculte su nombre bajo un pseudónimo cual- 
quiera, no le descubramos al leer una produc- 
ción suya. 

Yo nunca leo folletines; pero Servanda y Lo- 
la, que no dejan de pasar vista por ellos, me 
hicieron notar-, leyendo «Una historia corno 
muchas», publicada en El Paysandú hace al- 
gún tiempo, que Juan Perales no podía ser 
otro que el autor de la Lucila, encubierto, bajó 



VI 


ese pseudónimo. Y tan luego como húbe fijado 
la atención en algunos párrafos del referido fo- 
lletín, convendme de que así era, en efecto. 

Esta circunstancia hizo que su interesante 
obrita, dada á luz en esa forma, no pasase des- 
apercibida para mí, por cuya cauáa la leí has*- 
ta su terminación. 

Ahora que sé con certeza quién es su verda- 
dero autor, por haber desaparecido el incógni- 
to* y después de haber leído nuevamente su in- 
teresante trabajo, no puede menos que felici- 
tarle sinceramente, su alfmo— 

Servando Gómez. 

■S9 

Domingo Aramburú saluda á su distinguido 
amigo el Sr. Setembrino E. Pereda y le agra- 
dece el envío de su novela Una historia como 
muchas, que leerá con e! mismo placer que ha 
tenido en la lecturá de otras obras de su reco- 
nocida ¡ntelijencia é ilustración. 

Montevideo, Febrero 16 de 1891» 

*^ 3 * ■ 

Señor D. Setembrino E. Pereda,. 

Distinguido amigo: 

He leído con interés su bella producción lile - 
raria Una kisto nacomo muchas , encontrando 
en sus pájinas, reunidos á los principios desa- 
lía moral, lo sentimental y lo poético. 

Ál darle las gracias por el ejemplar que me 
dedica, uno mi sincera felicitación á ¡as muchas 



s. s. 

' Sara M. Borjes. 

Pavsandú, Febrero 18 de 1891* ¡ 

Los amantes a la buena literatura están dé 
felicitaciones.: una bella fantasía literaria, un 
pequeño opúsculo, titulado «Una historia como 
muchas», ha venido á aumentar el escasísimo 
número de obras de autores sanduceros, entre 
los cuales figura con rasgos luminosos el ma- 
logrado é inolvidable poeto y dramaturgo 
Eduardo G. Górdon. 

Su autor, el ilustrado Sr. Pereda, no es la 
primera ver que con gran éxito aborda el dila- 
tado y áFduo campo de la literatura. — Ya he- 
mos leído, no hace mucho tiempo, su ideal y 
fantástica Lucila, con la cual, puede decirse* el 
escritor .novel aventuróse, por vez primera, 
llenode ánimo, sin temer la censura ni la crí- 
tica.— Sus dos obras culminantes, Lucila y 
Una historia como muchas, nos révplan en sus 
pajinas las elevadas v poco comunes dotes li- 
terarias de que se halla revestido su autor. 

El estilo sencillo, elocuente y lleno de verdad 
y convicción profunda, constituye la base de 
sus obras; el sabor literario que sus escritos 
respiran, es dé aquellos que no fatigan, sinó* 
que enardecen y estimulan* 

trama novelesca, hábilmente trazada». 



VIH 


que nos muestra el autor en su novelita, man- 
tiene al lector ávido de conocer el desenlace y 
descubrir él misterio que de intento parece 
ocultarse en las pajinas; finales. La literatura 
sencilla, que no abusa de las. galas de retórica, 
ni de la fantasía, incita a] lector á continuar, y 
éste no se siente fatigado al llegar al fin; al con- 
trario, desearía proseguir bebiendo en fuente 
tan pura sus inspiraciones. 

Y no es esto solo lo que constituye ei valor 
de las obras del Sr. Pereda, es el noble y ele- 
vado fin que el escritor elocuente se propone, 
pues fustiga y censura las malas pasiones y 
errores á que éstas conducen. 

Moralizar la sociedad, pregonando y enco- 
miando las sanas doctrinas por medio del 
ejemplo y combatiendo los vicios y torcidas in- 
clinaciones, hé aquí el propósito elevado, que 
guia al ilustrado escritor sanducero. 

Esto, por si solo, le merece una sincera ala* 
banza, y hemos de estimularle á que siga re- 
corriendo el camino trazado, pues sus joyas, 
literarias. son fundidas en. e¡ puro crisol de la 
imparcialidad, la moral y la. verdad; 

Ojalá muchos,como el Sr. Pereda, abordaran 
llenos de entereza los feraces campos de la Ir. 
terátura: entónces nuestra sociedad, que aun. 
pordesgracia adolece de muchos males, vería- 
so transformada, porque á los certeros golpes 
de la sana moral se hundirían las pasiones. in* 



sensatas y las tendencias menguadas. . 

Reciba pues, el inteligente cóm patriota, mis 
más sinceras fe'icitaciones por el éxito alcanza* 
do y ojalá que ia semilla derramada en el seno 
de la sociedad no sea /estéril # pueda el. señor 
Pereda alcanzar el noble fin que se propone. 

Violeta. ■ . 

Pavsandú, Febrero 20 de 1891. 

Señor D Seterribriño E Pereda,. 

Mi distinguido amigo: 

He leído con gusto y detención su libro aüna 
Historia como muchas». 

Como 16 dice muy bien su título, en esas pá* 
jiñas se condensa la historia de muchos séres. 
Es un estudió social en el 'que vd. revela una 
observación y un criterio filosófico dignos de 
emulación y de aplauso . * _ : 

Más que el deseo de lucir con alardes de no* 
velista sentimental y poético, se conoce al mo* 
mentó el deseo de enseñar 4 practicar el bien 
qiue ha guiado su pluma, pues coihoel bisturí 
del cirujano penetra desnüdá y hiere hasta lo 
hondo. Lástima que su modestia haya limita* 
do la circulación de su libro á sus amigosiso* 
lamente. 

Son tan pocos los criollos que escriben! 1 ... 

El campo de la literatura nacional está ver 
mo: las pasiones políticas arrastran hasta, 
aquellos espíritus mejor' templados; hoy hadi$ 



piensa, nadie estudia, se vive al vapor, devo* 
rando el tiempo como la Locomotora devora 
las distancias. Esto e,s un caos donde los hom* 
bres inteligentes y pensadores se confunden 
con los hombres vulgares. 

Siento decirlo, pero es la verdad. 

La política de esta tierra, mas horrible que 
los rnónstruos mitológicos, fascina, arrolla 
y destruye ias enerjías de la generación pre* 
sen te. Adónda 1 iremos á parar! Sin embargo, 
hace algunos dias un rayo de luz vivida y dub 
ce vino á romper las brumas del espíritu. 

Un joven poeta, unjido con el óleo de la ins- 
piración, nos hizo oír las valientes estrofas de 
su lira. Rafael Fragüe tro tuvo un auditorio 
escojido suspenso por algunas horas de su pa- 
labra. 

Como el cóndor tiene alas para volar muy ab 
to. El también, en su hermoso poema, fustiga 
al vicio y ensalza la virtud. 

Sus versos, ricos de inspiración .y melodía, 
impresionaron vivamente. Quién tuviera la di- 
cha de ' imitarle!- Pero volvamos á su libro. 
Quiere que le dé un consejo? Consejos de mu*- 
jer! dirá vd , sí. Vd. sabe muy bien q.ue los re- 
medios, por muy buenos que sean, casi siem- 
pre son amargos, ó ágrios, ó repugnantes, por 
las mezclas de que se componen; y como pa- 
dre de familia sabe también que hay que endul- 
zarlos^ sobre todo para darlos á. los niños,, ó 



XI 


suministrárselos en píldoras doradas ó pla- 
teadas; porque el público es un niño mal cria- 
do, que se niega á tomar los remedios, que ne- 
cesita dorarle la píldora para que tomo conten- 
tó" las sustancias que han de curar los. ma- 
les de que padece. 

Así pues, amigo mío-, cuando vd. escriba 
otros libros, que debe publicar, por que hacen 
falta libros buenos, trate de engalanar con más 
ternura sus pajinas, y no use aveces un len- 
guaje tan diiro coiro él dealgunos párrafos del 
tjue me opnpa; poco son, pero son. 

Por oirá -parte, vd. con la severidad del Juez 
incorruptible que no doblega su conciencia, 
abruma cort su fallo' al culpable: hace bien; 
Comprendo que ese es el ideaLque vd. persi- 
gue al escribir. Lástima que sean tan pocos los 
verdaderos apóstoles. 

Con el aprecio de siempre lo anima á seguir 
adeiante.su buena amiga — 

Do rila Castell de Orosco. 
Montevideo, 18 de Febrero de 1891. 

Pay sandú, Febrero 20 de 1891. 

Sr. don Seterabrino E. Pereda. 

Presente. 

Distinguido señor: AI recibir de Vd., con la 
correspondiente dedicatoria, su Una Historia 
como muchas, he visto á través, del incienso 
producido por la deferencia de un hombre tlus. 



XII. 


tr-íido a una modesta capacidad, la mano inte- 
ligente y activa que anima con su afectuoso 
impulso á explorar el bellísimo campo dé las 
letras. 

Con; el más sincero agradecimiento, la es- 
trecho; y también la obedezco intimamente, 
aunque nunca haya de saber yo loque ella: 
escribir un libro. 

Saluda á vd. con toda consideración y estt- 
■tu a Si. S. ¡Su • 

Catalina M uñar y 'Rubí. 

Sr. D. Sétembrino E* Pereda. 

Señor: ( 

Al recibir el libro titulado Una Historia ca- 
tino muchas con que vd. me favorece, he expe- 
rimentado sumo pláoeiq pues ya había simpe- 
tiza do con él con solo saber el nombre del 
autor, y mucho más, después de haber bebido 
en sus pajinas sanos ejemplos de virtud y de 
morai . . 

Así que ahora,, siendo poseedora de ese fiel 
consejero, me hallo íntimamente satisfecha. 

Lo único que siento es no tener en mi poder 
aquella fantasía que me dedicó en la niñez y 
que conservaba orgullosa. 

Enviándole las gracias por su fineza me es 
grato saludarle. 

Elvira San Julián: 
Paysandú, febrero 20 de 189 1-. 



X!II 


Hemos recibido un folleto, esmeradamente 
impreso, cuyo título es el siguiente: Una Histo- 
ria como muchas , siendo su autor el conocido 
periodista uruguayo don Setembrino E. Pere- 
da, redactor de nuestro colega El Paysan- 
dú. 

Es una novelita de mucho interés por su tra- 
ma y porsu estilo, que se hace leer con gusto 
de una sola vez. 

Acusamos recibo y agradecemos el obsequio 
en lo que vale. 

El Progreso. 

San J osé de Flores, Febrero 20 de 1891 . 

fe» 

Acusamos recibo del libro del Sr. D. Se- 
tembrinoE. Pereda Una Historia como mu- 
chas. 

Es una bella producción que revela una vez 
más las dotes elevadas que como escritor po- 
sée el Director de El Paysandü. 

Omitimos estendernos más, porque otras 
plumas mas autorizadas que la nuestra han 
formado su juicio de la obra, y por cierto que 
de un modo justo, que mucho honra al señor 
Pereda. 

Lo felicitamos por ello. 

__ , „ La Prensa * 

Salto, Febrero 20 de 1891. 





XIV 


Sr. D. Setembrino E. Pereda. 

Distinguido compatriota y amigo: 

Agradezco vivamente el ejemplar que se ha 
servido enviarme de su nueva obra Una His • 
torta como muchas. 

Veo que ha sido rnuv bien recibida y que lo 
ha valido á vd. aplausos y elogios de personas, 
muy competentes en materia literaria. 

Felicitóle por ello. 

Su aítmo 

Ramón López Lomba. 

Sr. Setembrino E. Pereda. 

Muchísimo le agradezco la beHísima fanta- 
sía literaria «Una Historia como muchas» que 
ha tenido la deferencia de enviarme. 

La he leído con el mayor placer, como se 
leen siempre las obras morales que, como la 
suya, respiran verdad y sencillez. 

Al agradecerle tan inestimable recuerdo me 
complazco en felicitarle por el triunfo alcanza- 
do. 

Sin mas lo saluda su affma. y S. S. 

A ngela A. Pe>'ez. 

El Director de El Paysandú ha tenido la 
amabilidad de enviarnos un ejemplar de su úl- 
tim j producción literaria: «Una Historia como 
muchas». 

Setembrino E. Pereda es un escritor galano, 



XV 


que goza de merecida reputación en su páíria, 
la República Oriental del Uruguay, por las nu - 
merosas producciones (todas, ellas interesan - 
tes) que ha dado á luz en periódicos y folletos, 
usando con frecuencia el pseudónimo de Juan 
Perales, pues el jóven literato une al talento la 
modestia. 

Su nuevo trabajo intelectual le ha valide no 
pocas felicitaciones, alas que nos complacemos 
en agregar la nuestra después de haber leído 
detenidamente aquél. 

En «Una historia como muchas» se demues- 
tra con habilidad, que el peor enemigo de un 
hombre es su propio carácter cuando éste está 
sometido á la perniciosa influencia de una mala 
educación. 

Agradecemos la ; galante dedicatoria c©n que 
el Sr. Pereda acompaña su libro. 

Román de Iturriaga y Lopes. 

(«Ei Municipio»]. 

La Plata, Febrero 27 de 1891. 

tes* 

UNA HISTORIA COMO MUCHAS 

El señor don Setembrino E. Pereda, director 
de nuestro colega El Paysandú que ve la luz 
en la ciudad de su nombre, ha tenido la defe- 
rencia de enviarnos un ejemplar de la obra que 
acaba de publicar con el título que nos sirve de 
epígrafe. 

«Una hisloria como muchas» es una breve 



XVI 


novela en cuyos cantillos el Sr. Pereda deaa- 
rrollaen sencillo pero elocuente estilo, varios 
dramas que parecen tomados do la vida real y 
que encierran una sabia lección para todos 
aquellos que, á impulsos de sentimientos gene- 
rosos ó de nobles dictados del corazón, confian 
muchas veces en la amistad, en los servicios ó 
en la confianza de tantos y tantos seres ruines 
y malvados que pululan en la sociedad ocul- 
tando sus mezquinas pasiones tras la máscara 
de la hipocresía. 

La sociedad moderna encierra en su seño 
múltiples ejemplares de tan detestable espe- 
cie. 

Arrancadles la máscara y mostrarles tales 
como son, repulsivos y cínicos, es una misión 
harto digna de aquellos que, corno el Sr. Pere- 
da, ponen su inteligencia y sus vastos cono- 
cimientos al servicio de esa misma socie- 
dad. 

Omitimos extendernos en otras considerado - 
nes para encomiare! ¡mérito de la obra de que 
nos ocupamos, pues el nombre de su distingui- 
do autor, conocido ya con ventajas en el pe- 
riodismo independiente, la recomienda por sí 
solo. 

Agradecemos el obsequio del Sr. Pereda y 
exhortárnosle á que, como hasta hoy, prosiga 
con empeño contrayendo sus esfuerzos á una 



XVII 


labor costosa, pero digna de las almas gran- 
des. 

El Deber Cívico . 

Meló, Marzo 3 de 1891. " 

Sr. D. Setembrino E Pereda. 

Apreciable amigo: 

Recibí y leí cen sumo interés su última pro- 
ducción literaria «Una historia como muchas». 

Si bien soy poco perito en el arte romántico, 
puedo, empero, decir sin ambajesque no son 
muchas las obras hasta hoy conocidas tan ri- 
cas dcsana moral y conceptos filosóficos como 
la suya. 

Los protagonistas de su libro, Cárlos y Al- 
berto, demuestran lo que el inmortal Metásta- 
sis dijo: «El nacer grande es una casualidad y. 
el hacerse grande es una virtud».' 

Por consiguiente, los que vivan en la opulen- 
cia por otros ó por ellos adquirida, debían ante 
todo mirarse en el argumento de su novela, v 
luego examinar si la virtud vale ó no mas que 
el oro. 

Esi^ es mi concepto respecto de su bien coor- 
dinad ; '' <■; , v 

Luis Mannise , 
Paysr 1 /. > 12 i o ,